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Viejo esquema en nuevos tiempos: las estafas piramidales vuelven a cobrar fuerza
01/06/2020
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Telar y mandala de la abundancia, inversión en lingotes de oro a cambio de un pago inicial y de sumar nuevos inversores, ventas de máquinas para el cuidado de la piel, todos tienen algo en común. Sobre ello Sputnik dialogó con la economista Candelaria Botto.

La discusión sobre las estafas piramidales se reabrió a partir de la llegada de la marca NuSkin a América Latina. La empresa multinivel vende máquinas de tratamiento facial y para aquellos que no tienen la capacidad de pagarlas les brinda la posibilidad acceder a ellas, a cambio de un pago de menos dinero y el compromiso de conseguir nuevos clientes. En caso de tener éxito el «socio» obtiene la máquina y la posibilidad de acceder a comisiones.

Sin embargo, aquellos que no logran conseguir la cantidad mínima de nuevos clientes quedan al final de la pirámide. En estos casos, el tiempo empleado en difusión y el dinero invertido se convierte en una pérdida sin derecho a reclamo. De forma idéntica actúan varias empresas de venta de lingotes de oro. Aquí la dificultad para cobrar es mayor puesto que la inversión inicial es alta y conseguir adeptos es más improbable. El telar o el mandala de la abundancia utilizan el mismo esquema pero en tal caso no existe la promesa de un producto, sino de un pago.

«Tanto en la estafa piramidal tradicional como en estas empresas multinivel lo que hay es una estructura de pirámide donde se van acomodando las personas, según el momento en que entraron y cuantas personas lograron hacer entrar. O sea, cuánto expanden su equipo de trabajo o en el caso del telar de la abundancia cuántas personas van entrando para que sigan tejiendo esa red», explicó a Sputnik la economista argentina Candelaria Botto.

«Van cambiando el discurso y la manera pero al fin y al cabo uno va subiendo en esa pirámide a medida que tiene más personas abajo», agregó. El modelo no es nuevo y es conocido por el nombre del hombre que lo popularizó, el italiano Carlo Ponzi, quien estafó a cientos de personas en EEUU en la década de 1920. La idea, de todas maneras, no era más que una copia que había tomado de una mujer española.

Baldomera Larra fue la creadora de la primera estafa piramidal conocida y se estima que timó a cientos de personas en 1876. Cansada de la pobreza, de los préstamos y el pago de grandes intereses diseñó la mentira. Se presentaba como la esposa de un hombre rico que explotaba una mina en Sudamérica y ofrecía jugosas ganancias a cambio de una inversión monetaria. Los que quisieran participar debían pagar un monto determinado de dinero y sus dividendos llegarían cuando estos hubiesen conseguido nuevos inversionistas. Su historia la enriqueció rápidamente tras lo que huyó a Suiza.

«Con respecto a la forma de atraer nuevos miembros, hay algo interesante: cuando un estafador se aprovecha de todo el resto es muy fácil evidenciarlo y hay una persona que es culpable. En este sentido, las estafas piramidales lo que hacen es responsabilizar a toda la cadena, entonces no hay un solo responsable», puntualizó Botto.

En el caso de las propuestas que no incluyen productos es más fácil de percibir dado que matemáticamente para que algunos cobren debe haber otros que no lo hagan, al no haber generación de valor sino transmisión del mismo. Pero incluso en las que tienen un producto la premisa para no ser víctima debe ser la desconfianza. «Cuando se nos promete una ganancia extraordinaria en un período de tiempo corto, tenemos que ser críticos en todo momento», concluyó la economista.