Un latinoamericano lidera el desmontaje del órgano de Notre Dame de París
30/08/2020
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Hablamos con el organero uruguayo Mario D’Amico, que dirige el equipo de desmontaje y almacenamiento del órgano de la Catedral de Notre Dame de París. Aunque el instrumento se salvó del fuego en el incendio de abril del 2019, quedó cubierto de una nube de polvo tóxico por lo que debe ser restaurado y limpiado antes de volver a sonar.

Aunque pueda parecer algo sencillo, la tarea de desmontar un órgano es muy compleja porque de ella depende el futuro del instrumento. Si se hace mal, se puede perder todo el trabajo de armonización.

El equipo liderado por el organero uruguayo Mario D’Amico comenzó a trabajar este lunes 24 de agosto. Pero el desmontaje es sólo el comienzo de un largo proceso de restauración del órgano que empezará en 2021 y finalizará en 2024, con el objetivo de que vuelva a sonar en la Catedral de Notre Dame de París el 16 de abril de 2024.

«Nosotros somos los herederos de una tradición milenaria en la construcción de instrumentos, que continuamos mediante transmisión verbal y escrita, y hemos ido evolucionando con el tiempo, siguiendo las diferentes tendencias musicales. Yo empecé en Paysandú y luego estuve en Alemania, 20 años en España y llevo año y medio en Francia. Me fui de Uruguay para poder aprender en los mejores talleres posibles y tuve la suerte de trabajar en los mejores del mundo», contó D’Amico.

El uruguayo ha trabajado tanto en la restauración de órganos muy antiguos del siglo XV como en instrumentos nuevos en todas partes del mundo, desde Europa hasta Asia y América Latina.

«Para construir órganos necesitamos de carpinteros, herreros, soldadores, gente que trabaja el cuero y los armonizadores que somos los que damos el carácter musical, que es el trabajo más artístico. Con los mismos tubos, un armonizador puede hacer miles de órganos diferentes y ahí es donde está la importancia de conservar los instrumentos en perfecto estado porque si los manipulamos de forma inadecuada borramos el trabajo artístico», explicó.
El trabajo es tan sacrificado y requiere de tanta dedicación que D’Amico contó que pensó en abandonarlo varias veces y dedicarse a la arquitectura —su otra pasión— pero cambia de opinión cada vez que suena el órgano en el concierto de inauguración.

«Mientras veía a la catedral quemarse estaba desesperado, intentando hacer algo para ayudar a que se salvara el órgano. Para mí trabajar en Notre Dame y ocuparme de dirigir el equipo de desmontaje y almacenamiento del instrumento, más que un privilegio o un honor es una responsabilidad enorme. Estoy contribuyendo a salvar el patrimonio musical que es tan antiguo como la catedral en sí», concluyó.