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Terrorismo de Estado: las historias desobedientes de los familiares de los represores
20/05/2020
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“Perdidos en los recovecos de la Historia, depositarios de sus mas grandes silencios y sus más radicales contradicciones, uno a uno fueron llegando los Desobedientes, sin otro equipaje que un puñado de relatos por construir. (…) Hubo que conquistar palmo a palmo el territorio íntimo de la conciencia, romper las cadenas de filiación, asumir la ignominia del desheredado, del bastardo, del paria, del hijo pródigo sin retorno posible, para que ese yo, desde su inmensa soledad, se transformara en un nosotros: mejor aún en un nosotrxs”.

Esto se dice en parte del prólogo de un libro que será presentado la semana próxima en Buenos Aires, por hijos y familiares de represores, que se agrupan en el colectivo Historias Desobedientes.

Parten de la siguiente base: ellas y ellos son, también, victimas del Terrorismo de Estado.

Desde un complejo y doloroso lugar de familiares de quienes fueron torturadores, asesinos o apropiadores de menores, este colectivo se presenta en sociedad para construir un relato inédito, contracultural y rupturista con mandatos culturales y familiares y contra el patriarcado.

Esto comenzó hace tres años en Argentina. Hay familiares de represores que con 60 años de edad se suman al colectivo.

Luego se creo un movimiento similar en Chile.

El año pasado hicieron un encuentro internacional en donde participó una alemana, familiar de nazis represores.

En Uruguay no hay experiencias similares, aunque se supo de un familiar de un represor uruguayo que lentamente recorre su íntimo camino y proceso.

Rompieron lazos, reelaboraron su identidad, juzgan a sus padres o familiares y se pronuncian claramente por Verdad y Justicia.

En mayo de 2017, después de un fallo de la Suprema Corte de Justicia que les otorgaba la libertad a los represores argentinos, algunos familiares de ellos alzaron la voz en contra de la decisión.

Así nace el colectivo que se llama “Historias Desobedientes: hijas, hijos y familiares de genocidas por la Memoria, la Verdad y la Justicia”.

El primer encuentro se realizó el 25 de mayo de 2017. En ese momento eran cinco hijas de genocidas y un hijo. En menos de 10 días resolvieron presentarse en la multitudinaria manifestación “Ni una menos”. A partir de ese momento, aparecieron hijas, hijos, nietas, nietos, hermanos y sobrinos de genocidas.

TESTIMONIOS DESDE EL CORAZÓN

Analia Kalinec es hija de Eduardo Kalinec, condenado a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos contra víctimas en la última dictadura militar.
Kalinec era comisario y le llamaban el “Doctor K”.
Su hija Analia ha dicho: “Si mi padre hoy tuviera una picana, no dudaría en torturarme”.
Desde Buenos Aires me explicó como fue el proceso que ella vivió para desembocar en estas Historias Desobedientes.

También le pregunté sobre la relación con su padre y con los demás familiares tras su paso desobediente.

En Chile, desde hace poco mas de un año, se vive un proceso semejante.

Verónica Estay tiene una doble condición: es sobrina de un torturador y familiar de perseguidos por la dictadura chilena.

Su tío, Miguel Estay Reyno, había sido integrante del Partido Comunista chileno. Fue capturado y torturado. Luego de quebrado, fue un asistente de las torturas y entregador de camaradas. Pero no quedó ahí: tuvo una activa participación en la represión. A tal punto, que participó del asesinato de tres comunistas en 1985. Por ese triple crimen el «Fanta» -asi le dicen a Estay- cumple hoy cadena perpetua. Desde su celda, sin embargo, logró en 2011 que el Estado chileno -a través de la comisión Valech II- reconociera su condición de víctima de torturas, por lo cual recibe una pensión mensual, entre otros beneficios.

Desde Paris, en donde vive desde hace 17 años y como integrante del colectivo Historias Desobedientes Chile, Verónica Estay habla de su proceso y de otros familiares de represores chilenos.

Verónica Estay habla además de las reacciones de los familiares represores frente a la actitud asumida de cuestionar esas acciones represivas.

En el libro que presentarán la semana próxima, este colectivo de Historias Desobedientes, dicen que han “tenido que atravesar profundos procesos internos para romper con los mandatos de silencio que, explícita o implícitamente, vivimos al interior de nuestras familias. Hemos tenido que romper con la vergüenza, por la filiación que ‘nos tocó’ y que no elegimos”.

Y agregan: “Sí elegimos hablar, dando testimonio de nuestro repudio al accionar genocida de nuestros familiares y a favor de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Por todo esto es que pedimos que la ley acompañe este posicionamiento ético que nosotros ya hemos asumido desobedeciendo esos mandatos que nos sometían al silencio y nos hacían tanto mal».

LA OBEDIENCIA DEBIDA Y LA RESPUESTA DE DESOBEDIENCIA

El colectivo Historias Desobedientes pudo construir ocho desobediencias.
1. Desobedecemos la incondicionalidad filiatoria hacia aquellos familiares que nos mintieron, ocultaron y defraudaron. Que fueron capaces de secuestrar, torturar, robar, violar, asesinar y desaparecer.
2. Desobedecemos, por lo tanto, a la complicidad familiar.
3. Desobedecemos el temor, el sometimiento, la violencia.
4. Desobedecemos la vergüenza.
5. Desobedecemos la ley del padre y también desobedecemos el mandato social que nos insta al silencio y nos identifica con el genocida y con el pensamiento genocida.
6. Desobedecemos a la imposición de un discurso único y mucho más cuando lo imponen los poderosos.
7. Desobedecemos al odio y el rechazo que nos inculcaron por los que piensan distinto.
8. Desobedecemos al mandato de silencio porque nuestras voces que crecieron acalladas tienen mucho que decir.

Esta canción fue difundida en el encuentro internacional de Historias Desobedientes, realizado en Buenos Aires el año pasado. Fue cantada por Soledad Pastorutti y Abel Pintos.