«Si Trump pierde Florida será muy difícil que gane con los votos del Medio Oeste»
08/10/2020
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El contagio de COVID-19 del mandatario Donald Trump, de la primera dama Melania y de varios funcionarios de la Casa Blanca, agregó confusión a una campaña electoral ya de por sí polémica luego del caótico debate presidencial del 30 de septiembre.

La cadena CNN difundió este 6 de octubre un sondeo que registra el impacto del debate y del anuncio de contagio de Trump. El exvicepresidente y candidato demócrata amplió la ventaja y registró la máxima distancia con el republicano y candidato a la reelección: 57% apoya a Biden y 41% a Trump.

«En EEUU la mayoría de las veces las encuestas son buenos indicadores de lo que pasará en las elecciones», dijo a Sputnik el profesor Arturo López-Levy sobre la ventaja de Biden. Sin embargo, aclaró que «una semana en política norteamericana es una eternidad».

Para el profesor de Política y Relaciones Internacionales en la Holy Names University de Oakland (California), incluso el hecho de que las urnas ratifiquen el favoritismo de Biden tampoco implica que resulte electo. Recordó lo ocurrido en 2016 cuando el magnate de bienes raíces —con menos votos que su rival Hillary Clinton— se convirtió en el presidente número 45 de la primera potencia mundial.

Esto ocurre por el sistema del país, donde la cantidad de votos determina qué partido obtiene la totalidad de electores en cada uno de los Estados, que luego definen al ganador en el colegio electoral. Son necesarios 270 de los 538 existentes para triunfar. A esta particularidad se suman otras propias de este año, apuntó López-Levy

«Hay dos actitudes hacia el sistema de votación», enumeró el académico. El Partido Republicano insiste en que es importante el voto físico, mientras que el Demócrata, que acusa a Trump de ser irresponsable en el manejo de la pandemia, insta a sus seguidores a sufragar por correo.

«Es posible que el día de la elección quede mucho por contar porque el número de votos, mayormente de demócratas que van a ser emitidos por correo, se ha disparado. Eso agrega una incertidumbre importante», consideró el entrevistado.

Orgullosamente violentos
En vez de hablar de compromiso por respetar el resultado, Trump «ha dicho que la única manera de que los demócratas ganen es haciendo trucos con el conteo de votos y boletas. Eso afecta mucho la credibilidad del sistema electoral a lo interno y en la proyección internacional», afirmó López Levy.

«Un sector importante del electorado, sobre todo base dura del presidente, lo cree y es una fórmula que puede traer conflictos serios desde el punto de vista político en la potencia», agregó.

En otro orden, el FBI acaba de publicar un informe sobre lo que considera como «el principal peligro interno a la democracia», en relación con los grupos supremacistas, y referencias a «Proud Boys», una organización definida como islamófoba, misógina y homofóbica, que apoyó a Trump en 2016 y que no ha parado de crecer, ni de aparecer vinculada a actos violentos desde la llegada del republicano a la Casa Blanca en enero de 2017.

En el debate del 30 de septiembre, Trump se negó a condenar a los Proud Boys. En lugar de hacerlo, «los instruyó a replegarse y esperar (…) Hay incertidumbre de cómo estos grupos vayan a actuar», apuntó el experto.

Al día siguiente el presidente se desmarcó de los Proud Boys, asegurando que no sabe quienes son. Sin embargo su líder, el cubanoestadounidense Enrique Tarrio, además conduce el grupo Latinos por Trump, cuya misión es «evitar que el socialismo invada EEUU».

De péndulos y muros
«Hay un grupo de Estados donde se está haciendo campaña a nivel milimétrico con ayuda de programas de computadoras, redes sociales, dividiendo hasta en una cuadra a partir de datos recolectados. Es la batalla de la mega data», describió el académico por dónde transcurre la disputa de votos mediante publicidad y mensajes personalizados.

López-Levy se refirió a los llamados estados pendulares, que votan a demócratas o republicanos indistintamente, a diferencia de otros en los que se sabe ganará uno u otro partido. «En esos estados hay un grupo que desde 1992 hasta 2016 votaron demócrata, se le llama el sólido muro azul», por el color asociado a esa colectividad.

«Pero ese muro se desvaneció por el importante avance de la candidatura de Trump entre la clase obrera blanca. La pregunta es si esta gente va a volver a votar demócrata en función de sus intereses económicos o seguirán votando desde el punto de vista identitario y su relación con el supremacismo blanco», planteó.

En esta ecuación será relevante lo que pase en estados como Pensilvania o aquellos del Medio Oeste como Minnesota, Michigan y Wisconsin, entre otros, como así también lo que ocurre «en la joya de la corona, la Florida».

Allí hay un voto republicano fuerte en el norte. Mientras que en el sur, con la excepción del voto cubano, «hay un importante voto latino y de personas de la costa atlántica norte —mayormente neoyorquinos que se han mudado en función de su retiro— que tienden a votar demócrata, por lo cual es importante ver los márgenes», explicó.

«Si Trump pierde Florida es muy difícil que pueda ganar con los votos del Medio Oeste porque tiene otro estado pendular que está perdiendo, Arizona. Todo parece indicar que no podrá competir en Nevada y Arizona», concluyó.