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El Viaje

¿Quién vacuna a quién? El antídoto contra el COVID-19 y el riesgo de «los nacionalismos»
23/08/2020
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«China tiene que curarse en salud y desarrollar una estrategia de poder suave muy agresiva para convencer al mundo de que quiere resolver este problema», dijo a Sputnik María Cristina Rosas sobre el «nacionalismo de las vacunas» desatado por la necesidad de cada país de acceder al antídoto contra el COVID-19.

El 11 de agosto Rusia anunció el patentamiento de su vacuna contra el COVID-19, Sputnik V. Una semana después China registró la suya, y Cuba está cerca de lograr su propio antídoto.

En acuerdo con universidades, farmacéuticas o instituciones militares, todos los Estados tejen asociaciones para encontrar una solución a una enfermedad que ya dejó casi 800.000 muertos y 23 millones de contagiados.

En la región son varios los gobiernos que cerraron algún tipo de contrato para producir en conjunto algunas de las vacunas que se encuentran en la última fase de investigación, y también para asegurarse el acceso a las dosis una vez se complete el proceso que garantice la eficacia del producto.

Argentina y México sellaron una alianza con el laboratorio sueco-británico AstraZeneca. EEUU también está en carrera, pero con una acotada política de alianzas hacia el exterior, continuando la lógica que desplegó durante la pandemia en otros aspectos.

Sin anticuerpos

Se afirma que «el nacionalismo» durante esta pandemia no es nuevo, pero que la cercanía de las vacunas lo potenció.

Para Rosas, analista internacional de la Universidad Autónoma de México, esta crisis obligó a las naciones a «invocar la cooperación internacional». Según la investigadora, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador «ha reunido poca legitimidad» a la hora de gestionar la pandemia en el país, séptimo en el mundo en cantidad de contagios y tercero en defunciones.

La experta dijo que esta realidad interna contrasta con «el prestigio que ha logrado articular en el exterior», luego de promover con éxito en la Asamblea General de la ONU una declaración que convoca a la cooperación internacional.

«Que los países pongan a disposición de quienes lo necesiten, sin que medie el tema económico, de si puedes pagar o no, insumos, vacunas e instrumental médico en general», precisó. «Esta resolución cayó muy bien a la comunidad internacional y le da legitimidad a México en el exterior», redondeó la entrevistada.

Sensaciones encontradas

La académica tiene una especialidad en Epidemiología Analítica, realizada a raíz de la pandemia de gripe A-H1N1 desatada en 2009 y que afectó fuertemente a México.

Sobre la dinámica a la hora de hallar soluciones en tiempos de pandemias, y la rapidez en la que se hallaron diferentes tipo de vacunas en esta ocasión, Rosas dijo tener sentimientos contrapuestos.

«Me da gusto ver la celeridad de los Estados, de las farmaceúticas y de los institutos de investigación de diversas naciones para tener una vacuna. Pero lo que te da tristeza es que cuando te pones a revisar la historia de las enfermedades, hasta el día de hoy se han logrado producir vacunas solo para 26 enfermedades y hay investigaciones en torno a otras 24», expresó.

«No tenemos vacuna contra el cáncer o el VIH-Sida, que cuando irrumpió en los años 80, la comunidad científica de EEUU dijo que en cinco años íbamos a tener vacuna. Pero han pasado casi 40 y aún no hay», lamentó.

«Ahora, sin embargo, vemos una carrera desenfrenada. Yo diría que hasta de egos de parte de alguna corporación farmacéutica por desarrollar la vacuna lo más pronto posible», cuestionó.

Vacunados en historia

Es razonable esperar que aquellas farmacéuticas que «invierten millones de dólares en investigación esperen un beneficio económico neto, pero en la historia de la humanidad» eso no siempre fue así, opinó Rosas y citó como ejemplo cuando la vacuna contra la viruela, que se distribuyó de manera filantrópica».

Lo mismo ocurrió cuando se descubrió el antídoto contra la poliomielitis, este último caso por el científico polaco-estadounidense Albert Sabin, que donó la patente a la humanidad. «La gente no tiene que pagar, la gente tiene acceso prácticamente ilimitado», apuntó.

En este aspecto se refirió al fenómeno del «nacionalismo de las vacunas», sobre el cual incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) está llamando la atención. «El problema real con este nacionalismo médico, si le podemos poner algún adjetivo, es que la actual pandemia está en 138 países, prácticamente en todo el mundo. Por eso se necesita la cooperación internacional», aseguró.

La investigadora de la UNAM opinó que «el nacionalismo lo podemos entender incluso desde una lógica económica pensando en EEUU, porque es un Estado corporativo y para ellos es más importante la razón de mercado que la razón de Estado».

«Este vacío, que está dejando por la manera de enfrentar la pandemia, nos ha dejado duda de si [EEUU] es capaz de resolver el problema en su propio país. Esto lo aprovechan otros países», agregó.

«Por eso vemos a la UE y a Rusia con sus propios tratamientos y vacunas. Y luego el caso de China, que ha tratado de aprovechar todo ese vacío de poder al no asumir EEUU el liderazgo en la lucha contra la enfermedad, y la hemos visto enviando instrumental médico, desarrollando iniciativas de investigación para poner en el mercado una solución», afirmó Rosas.