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¿Qué tiene en la cabeza el Frente Amplio?
12/10/2020
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Foto Javier Calvelo adhocFOTOS

En la columna pasada, reflexioné sobre lo que tenía en la cabeza el presidente Lacalle.

Sigo con esa experiencia de sintetizar lo que parece que está pasando en la cabeza de los actores relevantes de la política uruguaya.

En esta oportunidad es el Frente Amplio. Es la primera columna; el lunes que viene haré otra con dos testimonios que me parecen valiosos para descubrir algunos pliegues interesantes del actual Frente Amplio.

Hay una importante diferencia con el presidente Lacalle: el Frente Amplio es una expresión colectiva, una fuerza política con muchas cabezas y sensibilidades, con lo cual la tarea es infinitamente diferente a la que realicé con Lacalle y, sin dudas, más difícil.

No obstante, creo haber encontrado algunos ejes actuales -y otros no tan actuales- que atraviesan al Frente Amplio y que son elementos que están en las reflexiones grupales y personales de quienes pertenecen a esta fuerza política.

Para empezar, me permito ofrecerles este tramo del general Líber Seregni en el acto fundacional del Frente Amplio. Ahí ofrece su definición del Frente Amplio, su virtud y también su complejidad.

En el año 1961, el general Seregni cursaba estudios de Estado Mayor. Luego -junto a otro general- trabajaron para desarrollar un nuevo concepto de defensa nacional.

Allí en esos cursos, aprendió lo siguiente: 1) definir el problema y concretarlo en un objetivo; 2) definir cuáles son mis fuerzas y cuáles son las fuerzas que se oponen; 3) que caminos puedo tomar para lograr mi objetivo y 4) hacer un balance.

Recuerden ese año, 1961, porque al año siguiente gana el partido Nacional, hay ruido de sables y un año después, en 1963, Wilson Ferreira Aldunate hace el discurso en la Expo Prado que escuchamos hace pocos días, en donde hablaba de la concentración de la tierra e insinuaba un proyecto de reforma agraria.

Esos eran los años.

Entonces, humildemente de la mano de aquellas definiciones aprendidas por Seregni en los cursos de Estado Mayor, enumeraré algunos elementos que hoy -en este año 2020- parecen estar en la cabeza de esta virtuosa y compleja experiencia política que se llama Frente Amplio.

LA DERROTA

Incómodos, desubicados, raros. Así se han sentido los frenteamplistas, dirigentes, cuadros medios, funcionarios de Estado y la gente, la gente que no tiene cargos y que solo tiene en sus alforjas ilusiones cortas y largas.

La derrota electoral -que se insinuó en octubre y se concretó por poquito en noviembre- generó algo parecido a la pérdida de un familiar o amigo muy querido: una suerte de desgarro íntimo, una suerte de duelo.

Fue una extraña derrota. Hacia marzo del año pasado, los números de las encuestas daban un escenario difícil. En todo caso -frente al conjunto de hechos que rodearon los últimos años- era un indicio esperable, aunque no se deseara. Hubo un esfuerzo por señalar los grandes logros de 15 años, pero no se puso arriba de la mesa las deficiencias.

Se llego a octubre y la esperanza renació. No se logró lo esperado. Llego noviembre y en un esfuerzo nacional la gente se tragó todos los sapos habidos y por haber, y se estuvo a un pelito de ganar la cuarta elección.

Quiere decir, que, durante 2019, los estados de ánimo bajaban y subían. La derrota puso negro sobre blanco que el FA se alejaba del gobierno tras 15 años de tarea.

La derrota se esperaba y no se esperaba. Y la derrota no es un número; es una situación que se debe saber gestionar. Normalmente, el primer reflejo, es culpar a alguien, así uno se siente ajeno a la derrota y por tanto podrá vivir mejor con su angustia. Regreso al general Seregni: no todos los problemas se deben a agentes externos; son también errores nuestros.

La gestión de la derrota tuvo hasta ahora cuatro fases: 1) la decepción y el enojo inmediatamente de la perdida; 2) estupefacción frente a la instalación del gobierno en marzo 3) la pandemia y como pararse frente a ella y 4) la ofensiva liberal conservadora expresada en la LUC y el Presupuesto.

LA OPOSICION

Aquí viene el segundo pilar, como hacer y ser oposición. Naturalmente que tiene que ver con aspectos señalados anteriormente.

En tanto el Frente no es una persona y su funcionamiento es -reitero- virtuoso, múltiple y complejo, se deben de tener en cuenta el conjunto de matices que anidan en su interior. Por tanto, es difícil sacar un común denominador para la fuerza política.

Uno de los elementos creo a destacar, fue un cierto desoriente de como pararse frente al gobierno de Lacalle. Esa desorientación tiene mucho que ver con la multiplicidad de voces en el FA pero también con los aciertos políticos y comunicacionales del gobierno. Desde el primero de marzo el gobierno no dio tregua y marco la agenda en variados campos con una prolija eficiencia.

Hubo como un primer intento de marcar a fuego un “gobierno derechista”, pero enseguida se instaló la pandemia y allí nuevamente apareció el desoriente. ¿Qué hacemos? ¿Pedimos cuarentena obligatoria, ofrecemos ayuda o colaboramos? ¿Decimos que compartimos estrategia aunque creemos que es insuficiente? Todo un enorme lio que se fue licuando en tanto se iba entendiendo que no estaba bueno tirar piedras en el tejado mientras esta pandemia se desarrollaba. Uruguay muestra hoy en este asunto, un extraño consenso que lo diferencia también -y eso es una gran virtud- de otros países tanto gobernados por la derecha o la izquierda. Las respectivas oposiciones tienen a oponerse a los gobiernos, y no importa el signo. Lo importante es diferenciarse. En Uruguay, con respecto a este tema, no hay grandes grietas. Hay si episodios -debate- sobre algunos aspectos no menos importantes como la presencialidad obligatoria en la enseñanza, entre otros como la asistencia económica en un país en crisis.

El gobierno ha hecho tremendos esfuerzos para no decir que el sistema de salud ha sido relevante para atender la pandemia -construido durante los gobiernos del FA- y que la red social -fortalecida por el FA- también ha resultado importante. No lo ha dicho. No lo ha querido admitir ni reconocer, aunque en las ultimas semanas los ministros de Salud y de Trabajo, lo han dicho.

Los últimos movimientos del gobierno -a través de la propuesta de Presupuesto- le ha devuelto el alma al cuerpo de la izquierda: en esa propuesta hay un sinfín de temas que son muy sentidos por el FA. Paradojalmente, el presidente Lacalle le trajo tranquilidad espiritual al FA. El FA se reconoce más nítidamente por oponerse a lo que dice y contiene ese proyecto de ley y algunos decretos que se van conociendo. Al FA le volvió el alma al cuerpo; esa alma que andaba desorientada, como perdida.

Ahora se abren varios capítulos para el FA como oposición. Uno de ellos muy importante: ¿se acompañará al PIT CNT en la juntada de firmas para el referéndum contra la LUC? Hay indicios contradictorios: unos nítidamente a favor y otros piensan. Estos últimos no están muy convencidos de que políticamente sea adecuado acompañar la iniciativa de la central de trabajadores. Mas todavía: algunos dicen que aun siendo un error político hay que acompañar.  No es menor este asunto, porque la vía elegida por el PIT CNT es la más larga, y por tanto la recolección de firmas llevará bastante tiempo y eso podría entorpecer la línea de acción del FA que hasta el momento no está trazada con nitidez. Podría entorpecer o fortalecer. Ese es el eje de discusión.

LA AUTOCRITICA

El Frente Amplio dio a conocer un documento no oficial -muy extraño dar a conocer algo que no es oficial- de 11 páginas.

Es una hoja de ruta interesante, por lo que tiene, por las insuficiencias y por lo que no tiene.

Esa es una respuesta a un clamor extendido -sobre todo entre la militancia, aunque algunos dirigentes lo han planteado con cierta timidez- para tratar de avanzar en una suerte de balance de lo hecho durante 15 años en un ciclo que concluyó con una derrota.

Llega en momentos de derrota. Y los balances o autocríticas no necesariamente se tienen que dar en tiempos de no victorias electorales. Un balancesito en medio de las victorias es una buena cosa, ayuda a corregir y mantiene el musculo tenso del intelecto y la racionalidad junto a la rapidez de respuesta y reflejos. De otra manera, como está dicho en el documento, se cae en el burocratismo, como efectivamente se cayó.

En su página 5, el documento habla de una cosa interesante: la autocritica no debe ser autocomplaciente ni auto flagelante.

En diciembre del año pasado, en la columna número 68, hable de la autocrítica y plantee algunas reflexiones de cómo gestionarla sin incurrir en lo que bien dice este documento.

Es interesante lo que está pasando, porque a las expectativas de los militantes o simpatizantes del FA sobre este tema, se suman los que no son frenteamplistas. Ellos también esperan la autocrítica del FA, pero solo una parte: la del eventual descuartizamiento entre frenteamplistas. Mas todavía: desde afuera del FA se enumeran los elementos de la autocritica que el FA, dicen ellos, debe hacerse. Con lo cual uno podría decir: si vos ya me hiciste la autocrítica, para que voy a hablar yo.

Entonces con ese cuidado, el FA debe dar satisfacción a sus adentros y -naturalmente- no caer en la autocrítica que desde afuera se reclama.

Llegado a este punto, quiero hacer algunas anotaciones sobre el documento.

Hay una palabra que está en la página 5 del documento: el FA fue generando “un nivel de omnipotencia”, que hizo “creer que solo todo lo podíamos”. Esta sabia definición es lo mas parecido a la soberbia del poder y al burocratismo, con ejemplos nítidos en el país y fuera de él.

A mi juicio, esta autocrítica escrita y no oficial, es omisa por no observar la importancia de tiene la clase media urbana y rural. Nada dice sobre ello y para eso se debería leer un documento que ya he citado, elaborado por la OPP cuando Alvaro García era su titular, acerca de la importancia de la misma, de la clase media -los cambios se hacen con ella, dijo García- y de los valores que esa clase media extendida comparte.

Cuando se entiende eso, hay un conjunto de temas -economía, educación y seguridad, enumerados en el informe de autocrítica- que se explican. Esos temas están en tensión en esa clase media y generaron a mi entender, juicios adversos a la fuerza política.

Hay tres elementos que están allí tímidamente y que es necesario profundizar, a mi juicio: comunicación, Interior del país y Fuerzas Armadas. Pero están allí y este documento es una hoja de ruta abierta. Se verá como se avanza en la discusión.

LOS NUEVOS LIDERAZGOS

Parece claro que en la cabeza del Frente Amplio también está el recambio generacional y los nuevos liderazgos que sustituirá al triunvirato de los últimos 25 años: Vázquez, Astori y Mujica.

Este elemento es tremendamente importante, aunque el Frente Amplio sostenga desde su inicio que lo importante es el programa, la idea, y no los hombres. Bueno, la experiencia dice que los hombres son importantes, por la positiva y también por la negativa.

Alguien ha dicho con acierto que ser candidato no es sinónimo de liderazgos. Voy a poner un ejemplo de la historia reciente: Alberto Volonté. Fue candidato blanco en las elecciones cuando ganó por segunda vez el doctor Julio María Sanguinetti. Fue candidato y luego desapareció. Fue candidato y no fue líder.

Otro ejemplo: el doctor Tabaré Vázquez fue candidato a intendente de Montevideo en 1989. Gano. Y lentamente durante 30 años fue construyendo su liderazgo con una particularidad: nunca fue legislador.

Había sido intendente y exitoso. Con esa credencial, con esa base, construyó su liderazgo.

La cuestión de los liderazgos está en la cabeza de todos. Cada quien ya se imagina quien tiene pasta para serlo. Para serlo también hay que querer serlo y eso también la gente observa. Después si le da la nafta es otra cosa. Vos podés querer ser líder, pero hay un conjunto de cosas -algunas imperceptibles, indescifrables- que te pueden definir o enterrar tus pretensiones.

No voy a mencionar nombres, sino un detalle que me parece interesante: en el documento de autocrítica, como ya dije, no hay mucha reflexión sobre el Interior. Bien. Quiero decir que el Frente Amplio perdió pie allí en el marco de una complicada coincidencia: al tiempo que nacía en 2018 el movimiento “Un Solo Uruguay” -la pata logística de la coalición multicolor- el senador Mujica, por cuestiones de edad, dejó de recorrer el país, allí en donde la izquierda había crecido, allí donde el gaucho y el habitante de las zonas periféricas, le habían apoyado. Por supuesto que no es el único motivo, pero es un fenómeno que no hay que soslayar.

El Interior, entonces, es un tema a abordar con mayor precisión y en ese asunto me voy a meter en la columna del lunes próximo.

LAS FUERZAS ARMADAS

En abril del año pasado, hice una columna sobre la izquierda y los militares. En el documento de autocrítica, hay mención -a mi juicio incompleta y rutinaria- sobre este asunto. Quizás esa falta de precisión oculta la falta de acuerdos hacia el interior del Frente Amplio y por tanto se hace un dibujo general sobre el tema.

Es altamente probable que no se avance y el tema quedará a como lo ejecute en la diaria cada sector político.

No obstante, voy a repetir algunas cosas dichas en abril del año pasado.

“La izquierda y los militares están habitados por un reflejo de desconfianza. En la izquierda hay un reflejo «antimilico» y en los militares un reflejo genérico ‘anticomunista’. Esto naturalmente tiene que ver con la historia. Las Fuerzas Armadas arrasaron contra todo lo que era de izquierda u olía a izquierda. Eso deja huellas. En unos y otros. No estoy hablando del Partido Comunista, el MLN o de las propias FFAA. Estoy hablando del cuerpo social y de los elementos que lo vertebran e identifican hacia adentro. Tras la restauración democrática y tras ganar las elecciones el Frente Amplio, ¿eso cambio? ¿Se eliminó la desconfianza? De ninguna manera. Se convivió.”

Esto dije en abril del año pasado. Eso no ha cambiado. Ese reflejo “antimilico” genera problemas para reflexionar adecuadamente sobre el punto. Parecería que cuanto uniformado hay en la vuelta es un fascista. Bueno, ni tanto.

En las Fuerzas Armadas persiste el reflejo “anticomunista” genérico y eso también impide corporativamente reflexionar desde otro lugar. Se había avanzado, sobre todo en la definición de la política de Defensa Nacional que -vaya cosa- ya tenía antecedentes valiosos en 1961 cuando Seregni estudiaba y luego enseñó en los cursos de Estado Mayor.

Ahora estamos en problemas, porque enancado en el partido militar que lidera Manini Ríos, se fortalece el reflejo “anticomunista” entre los militares con apoyo de civiles.