La experiencia de la izquierda uruguaya puede ser una hoja de ruta en la construcción de la unidad de la izquierda internacional
23/09/2020
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En su columna semanal en InterCambio Álvaro Padrón reseñó buena parte del derrotero de los movimientos e iniciativas unificadoras de las izquierdas a nivel internacional desde mediados del siglo 19 y advirtió que la división sigue siendo la
principal debilidad endémica de las izquierdas.

Tras analizar la semana pasada el curso actual de lo que denominó “la internacional de la ultraderecha”, Padrón abordó como tema este miércoles 23 “la Internacional de la izquierda y el progresismo” y al efecto planteó la pregunta: “¿cómo se reacciona a esa articulación de la ultraderecha?”.

A esa interrogante respondió que históricamente “la izquierda ha hecho y hace todo lo contrario”, inclusive a pesar de haber tenido siempre “la convicción de que su principal naturaleza es Internacional”, esto es “tener un proyecto para el Mundo y no para un país” como objetivo de fondo.

Después repasó gran parte de los procesos unitarios y proyectos mundiales de las izquierdas en algunas de sus diferentes corrientes y orientaciones. El primer intento organizativo internacional “se remonta a la Asociación Internacional de Trabajadores”, con “origen sindical” y todavía no partidario, “fundada por Karl Marx y Friedrich Engels en Londres en 1864” y que “agrupaba a trabajadores de distintos países” del continente europeo.

Veinticinco años después nace “la II (segunda) Internacional” promovida por Engels y “conformada más por partidos” obreros que por sindicatos. “Se divide por la Segunda Guerra Mundial” entre internacionalistas que rechazaban la contienda por su carácter capitalista y nacionalistas que se alistaban.

Entre 1915 y 1916 “los grupos socialistas revolucionarios crean la III (tercera) Internacional”, que poco después será “la primera Internacional Comunista”, creada como tal “en 1918” a impulso de Lenin y la fracción bolchevique del Partido Obrero
Socialdemócrata Ruso. Esta “se suprime en 1943” en forma oficial a instancias de “Stalin”, que subordina lo que queda de ella a “la política exterior de la Unión Soviética” (URSS). Cabe añadir la creación en 1938 de la IV Internacional bajo el liderazgo de León Trotski y que declina tras un breve lapso como consecuencia del asesinato de éste.

“En ese plano surge la Internacional Socialista” en la posguerra y marcada por la ́Guerra Fría ́ entre la URSS y el bloque capitalista liderado por Estados Unidos. Su integración orgánica e impronta ideológica fueron “socialdemócrata” y “laborista” y su debilitada existencia llega hasta hoy, aunque “sin partidos fundacionales” integrándola por el rechazo de éstos a “la aceptación de miembros muy poco creíble que fueran de izquierda”.

Una estructura emparentada es la denominada “Alianza Progresista”, que fue creada “en 2013 en Alemania” por decisión de “unos 70 partidos progresistas”, muchos de ellos ex miembros de la Internacional Socialista.

“Lo último que tenemos es la Internacional Progresista”, una iniciativa que presenta la novedad de estar “integrada por organizaciones y personas” a la par. “Sus principales defensores son Bernie Sanders y Yanis Varoufakis”, exministro griego de Finanzas, y define su acción “contra el orden global”.

Entre las agrupaciones regionales de la izquierda, el columnista destacó “el Foro de San Pablo”, espacio gestado a inicios de los ́90 como reafirmación identitaria y programática de la izquierda latinoamericana tras la implosión de la URSS y la derrota Sandinista. Su existencia fue “muy importante” para el ciclo progresista latinoamericano, aunque “tiene
un gran desgaste”.

Agregó la reciente formación del llamado “Grupo de Puebla”, que integran varios “expresidentes” progresistas latinoamericanos y “un presidente actual como Alberto Fernández”. Esto es “lo más nuevo y visible”, precisó.

Al cabo del repaso histórico de las principales experiencias internacionales de las izquierdas, Padrón reflexionó en torno a la evidencia de que la única constante en esa dimensión de la acción política continúa siendo “la dispersión, la división, la
fragmentación, las rupturas”. Esto lleva ya “más de 100 años” y se perpetúa hoy día, “cuando más necesitamos Unidad”.

Por oposición, resaltó el proceso unitario del movimiento sindical y popular uruguayo, que a su vez produjo la unidad política de la izquierda en 1971. En esa dirección, “la experiencia uruguaya puede ser una hoja de ruta en la construcción de la Unidad internacional” y “el tema convocante para esa unidad es la democracia, que está en peligro”, puntualizó. “Es hora de que la izquierda abandone sus kiosquitos individuales”, graficó el columnista.