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Padrón analizó “las dos caras de Bolsonaro: hacia afuera la popularidad es cero, pero le importa poco porque sus clientes, sus votos, están adentro”
02/09/2020
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Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

En su columna semanal en InterCambio Álvaro Padrón analizó cómo los líderes autoritarios como el presidente brasileño actúan y emiten gestos hacia adentro y fuera de fronteras, haciendo de la mala fama, un mérito.

Padrón primero advirtió contra “el error de creer” que en nuestro país “tenemos una suerte de inmunidad frente a esos procesos” sociales y políticos que producen líderes como Jair Bolsonaro o Donald Trump.

En esa dirección citó al dirigente político y teórico marxista italiano Antonio Gramsci, quien refiriendo a los periodos de inflexión histórica explicó con su reconocida capacidad didáctica: “´El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos´”.

Entonces en esos periodos, como el presente, “hay una oportunidad” para el surgimiento de “estas figuras que no tengo dudas para catalogar” y que, cabe recordar, “en la época de Gramsci fue (Adolf) Hitler” la más extrema.

Son épocas “de tránsito, de claroscuros, de grises, de confusión, de desconcierto” y que en razón del miedo que esto genera, hacen emerger esos liderazgos negativos al calor “de las masas”, como sucediera con el cabo austríaco y sucede con Bolsonaro, que “hacia adentro de Brasil es un personaje y un líder popular”, anotó el columnista sobre el capitán retirado. “Lo votaron 60 millones de personas y nos tenemos que hacer cargo” y, alertó, “con el desastre de la pandemia tiene más popularidad que nunca”.

Se trata de “la ´nueva derecha´” global y “Trump representa eso en Estados Unidos”, una corriente “ultra-conservadora, populista, demagógica”, que se expresa continuamente contra la institucionalidad internacional como ya se está viendo también en Uruguay, por ejemplo deslegitimando “a la Cepal” con “esa mirada” que apunta a “no tener controles” a nivel “internacional”. Paradojalmente, es una derecha “ultra-liberal y proteccionista” a la vez.

Y dado que necesariamente todos “los proyectos políticos representan intereses”, cabe preguntar: “¿qué representa Bolsonaro?”, planteó Padrón. La respuesta, no por conocida es menos indispensable de tener presente: “la bancada de la Biblia, la bancada de la bala y la bancada del buey”, es decir el neo-pentecostalismo, las fuerzas de seguridad y el sector agropecuario.

Esa coalición de hecho tiene operando en favor de sus intereses desde “ministros” en el gabinete de gobierno hasta “una influencia enorme en las políticas públicas”, y frente a ella, “pierden claramente los trabajadores” pero también “los empresarios de la industria”, con centro en San Pablo. Variable no menor en esa ecuación de poder es que su “capacidad de convocar a los sectores populares es una llave de estabilidad del gobierno”.

En cuanto a la esfera exterior, apuntó el columnista, “hacia afuera la popularidad de Bolsonaro es cero”, como la de Trump, pero esto “les importa poco porque sus clientes, sus votos, están adentro” de su respectivo país y a esa mala “fama”, ambos la cultivan como “un mérito”, reflexionó.

Se trata en definitiva de un periodo que las izquierdas deberían aprovechar para retornar a sus “bases” en todo sentido, lo que incluye recomenzar el paciente trabajo cotidiano de hacer “pedagogía política” entre la población. En lo inmediato, urge “hablar con la gente común y corriente para que no compre estos espejitos de colores que aparecen con tanta fuerza”, razonó.