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No puede haber felicidad si previamente no se soluciona el problema de los medios materiales y del trabajo
14/10/2020
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En su espacio de reflexiones en M24 el senador frenteamplista José Mujica retomó el tema de la debilidad y la paulatina desaparición de la burguesía nacional y remarcó su prédica por la asociación entre Estado y empresas.

El expresidente recordó que “se está acorralando y suplantando el papel tradicional de la burguesía nacional como gestora de la cabeza de la economía del país”, proceso en cuyo curso esa clase social está asumiendo “una actitud de pasarse aceleradamente al rentismo, a las inversiones inmobiliarias, a la especulación con bonos, a la colocación de acciones”.

Transitando ese camino, la burguesía criolla rehúye “estar al frente de empresas importantes que tienen que disputar” y así “ese terreno lo está delegando de hecho, está abdicando de su papel de cabeza de la economía”. Ese fenómeno “hoy se está acelerando” y por ejemplo “no tenemos más fábrica de jabón”.

De hecho, “a la más grande la vi irse, la compraron para cerrarla” ya que “a las empresas transnacionales instaladas en la región les convenía más cerrar esa fábrica y abastecernos con jabones importados”.

“Nadie puede negar que para que una economía crezca y se genere trabajo hay que invertir y nadie invierte si no ve una perspectiva interesante (…) para multiplicar lo que tienen (…) por eso todos los gobiernos establecen políticas que favorecen la inversión (…) de adentro o de afuera”, señaló.

Pero no toda inversión sirve al país, como la de “comprar una fábrica para cerrarla”, algo que estuvo por pasar también con “la última aceitera que le queda al Uruguay” y no sucedió porque el dueño no quiso vender para eso. Es evidente que “hay inversiones que lo único que hacen es utilizarnos y no nos aportan francamente nada.

Hay que repensar este fenómeno selectivo”. Pero en todo caso, valoró, “es imprescindible, para ser mejores” como país, “tener riqueza y medios para multiplicar la capacidad de nuestro pueblo. La riqueza en sí y el trabajo en sí no aseguran felicidad, pero no puede haber felicidad si previamente no se soluciona el problema de los medios materiales y del trabajo. No pongamos la carreta delante de los bueyes”.

Para tener esas condiciones materiales “necesitaríamos un empresariado nacional altamente comprometido con la gestión económica del país. La gran pregunta es esta: ¿tendremos el coraje de aprender de lo que han hecho y están haciendo otros?”. Esto implica que “el Estado no debe ser enemigo ni adulón de los empresarios, debe ser socio (…) un socio que no gestiona, que cobra dividendos, pone recursos y deja gestionar”, propuso.

Ese Estado, “en lugar de multiplicarle los impuestos, le ayuda a enfrentar los riesgos, saca partido de la capacidad de gestión de la burguesía”, anotó. “No podemos seguir con esta dicotomía, el Estado contra las empresas, las empresas contra el Estado, nos vamos al carajo porque no existimos, es otra cosa lo que tenemos que hacer” al estar el país “en un mundo de mercado”.

Y para los empresarios y capitales “es bueno tener un socio como el Estado, ayuda a fortalecer la espalda y muchísimas actividades, que tal vez la burguesía nacional, que se está sintiendo acorralada, pueda tomar impulso y coraje. Y esto es importante, por dónde va la ganancia: si queremos un país que prospere, es bueno que la ganancia se recoloque de alguna forma en nuestro propio país y no que dispare y ande por ahí”.