Mujica: no queda otro camino que luchar políticamente por desbaratar esta conciencia de que el mercado lo arregla todo
29/02/2020
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En su espacio de reflexiones en M24 el expresidente de la República José Mujica prosiguió desnudando el carácter extremo y antipopular del neoliberalismo y advirtió contra el proceso de reconcentración del sector local de Supermercados en manos de dos grandes cadenas comerciales.

Mujica retomó el tema de sus últimas dos columnas, “tratando de diferenciar el mensaje del viejo liberalismo” respecto del que emite “eso que se llama hoy el neoliberalismo, al que no dudo en definir como un fanatismo, muy retrógrado, aun contra el viejo liberalismo”, valoró.

Recordó en esa dirección que “en América Latina, la primera vez que se instaló a tambor batiente lo hizo de la mano de una dictadura, la de (Augusto) Pinochet, y allí están las consecuencias (…) claras en este tiempo”. Es que “la sociedad chilena paga” cada bien público porque allí “todo se transformó en mercado (…) absolutamente todo es mercado”.

“Esta concepción (…) contraria a la construcción de bienes públicos” tan necesarios para “mitigar las desigualdades, tiñe de odio y violencia la vida de las sociedades” y esto también se ve con nitidez desde aquella tiranía.

En nuestro país, relacionó el senador frenteamplista, “en estos días hemos visto (…) que un formidable grupo económico que hace un tiempo compró” la cadena de supermercados “Tienda Inglesa”, ahora “se apresta a negociar” la adquisición de “otra cadena de grandes supermercados y están en plena discusión” de condiciones de la transacción con los vendedores.

Por eso “hay una alarma de los comercios chicos (…) de estructura familiar, que componen un conjunto importante de pequeñas empresas” que son “muchas veces una forma de sobrevivir de muchísima gente”. Y al mismo tiempo “la concentración de estas cadenas además” genera “el peligro enorme de una concentración de la compra, lo que trae un peligroso dilema para los proveedores” locales de esos grandes grupos comerciales.

Por ejemplo, para “aquellos que producen verdura y tienen que venderle a un supermercado”, si estas superficies “pertenecen a uno solo, las condiciones que van a imponer, los plazos financieros, etcétera, seguramente van a ser a favor de los poderosos y no de ese cúmulo (…) de pequeños productores de clase media y pequeñas industrias” proveedoras.

“Ni que decir lo que le pasa al comprador; basta con ir a comprar” vegetales “a un supermercado (…) y comparar con los humildes puestos de una feria” para observar que “las diferencias” de precios “son alucinantes”; tanto como que las cadenas compran a “27, 28 pesos un paquetito de lechuga que se vende a 80 pesos en el supermercado”, pero además esta empresa “se lo paga a 80, 90 días” de plazo al productor o al distribuidor. “Como decía Quevedo, solo el necio confunde valor y precio”, parafraseó.

A partir de esa realidad en pleno auge, Mujica reflexionó en torno al hecho habitual de que “la economía (…) nos parece que es un sistema independiente y ajeno a la ética”, tal como “algo frío vemos los datos financieros (…) si los comparamos con el calor de la convivencia humana”.

Por un lado “vemos las implacables leyes del mercado frente a la pobreza” y “la precariedad”, así como “las matemáticas” a veces nos resultan tan incomprensibles como “los índices macroeconómicos”. Simultáneamente, “por otro lado están las necesidades concretas, de gente de carne y hueso, con las penurias de sus hogares que a veces no pueden llegar a fin de mes”.

Alrededor de estos temas “se nos engaña porque la economía no es algo que no sea una creación humana”, si bien “hoy nos parece que es inhumana porque las normas, los valores y los principios que encierra están totalmente divorciados de la ética y lo único que importa es la ganancia”.

Asimismo es “falso que existan mercados enteramente libres y des-regulados”, no son reales los “mercados de competencia perfecta” en los que un supuesto libre juego entre “oferta y demanda (…) determine los precios justos” de los bienes y servicios que utilizan las sociedades.

“En el fondo”, recalcó, “no existen mercados de competencia perfecta” y también “cada vez existen menos mercados que no se intente (…) desregularlos (…) por aquello (…) que ya veía Adam Smith”. A saber, “la tendencia a establecer acuerdos: las grandes corporaciones siempre tienen la tendencia a no competir entre sí, a acordar precios y condiciones de compra por debajo de la mesa, a juntar sus capitales, a fusionarse, porque cuanto menos compitan (…) más grande va a ser el beneficio que van a recoger y lo van a hacer en el menor tiempo posible. Esta es la verdadera ley, no la otra” del supuesto equilibrio generado por la competencia libre.

En ese contexto, “los Estados” aparecen “terciando para tratar de que, en lo posible, estos acuerdos no terminen explotando a los consumidores o poniendo condiciones imposibles. Donde se baje la guardia con ese mundo idealista de autorregulación, (…) el tiburón (…) tiene la libertad y se termina tragando a la sardina: la sardina es la masa del pueblo, el tiburón son los intereses concentrados”, graficó el referente principal del MPP.

En función de eso “no queda otro camino que luchar políticamente por desbaratar esta conciencia de que el mercado lo arregla todo”, y un capítulo de ese rumbo es que “debe intervenir el Estado para que esos fenómenos se mitiguen o no sean posibles”. “Creo que esto está en disputa y es una de las causas más profundas del acontecer del Uruguay de hoy”, resumió Mujica.