Mujica: no debemos dejarnos dominar por el egoísmo; de lo contrario, soñar en un mundo mejor es una quimera
24/07/2020
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Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

En su espacio de reflexiones en M24 el senador José Mujica exhortó a evitar el egoísmo exacerbado y recordó que no hay vía posible para poder construir una sociedad más solidaria sin cambio cultural que la promueva.

Mujica abrió su columna refiriendo a “las mujeres de Arabia Saudita”, quienes “padecen todas las privaciones y limitaciones” impuestas por “un fanatismo religioso” aun cuando esas mismas mujeres, “paradojalmente defienden las razones profundas que les imponen esas privaciones”.

Y entonces sucede que “las que son víctimas, están absolutamente convencidas de las razones de la discriminación que padecen”. El ex presidente refirió a eso para hablar del “papel que cumple la cultura real en una sociedad”, del “modo de ver y de pensar que tiene nuestra vida”.

Lo relacionó a que “nuestra época, nuestro mundo es hijo de una revolución un poco lejana, de hace tres siglos, que cambió hasta los cimientos de la vida humana” y esto se produjo a influjo de “la codicia, la ambición”, que en definitiva fueron “motor de la historia y de la conducta humana” desde ese entonces, lo que a su vez empujó “a la ciencia para que despertara y derramara (…) tecnología y productividad del trabajo”. Y ese “progreso formidable” de la civilización se refleja en que “en promedio vivimos 30 o 40 años más que los hombres antiguos”, destacó Mujica.

Pero como al mismo tiempo “nada es gratis”, en ese transcurso “también se ha multiplicado (…) una falta de empatía con el dolor humano, esta es la parte negativa” de tal proceso. “Todavía tengo memoria de mi niñez y adolescencia”, tiempo en el que “éramos mucho menos egoístas”. Y la distancia se ve “cuando el Estado trata de atender las vergüenzas sociales y de imponer que aportemos recursos; se arma un lío y surgen gritos” de quienes “viven en la abundancia y hasta a veces en el despilfarro”.

Es en esos sectores donde “suelen florecer las críticas y la idea de que los más pobres, los tugurizados, están así porque son atorrantes, porque quieren, porque se acostumbraron a vivir mangueando, cuando no delinquiendo”. De esta forma, “hay un doble castigo sobre la pobreza”.

Esto se verificó recientemente en nuestro país cuando “este gobierno (…) puso un pálido impuesto por dos meses (…) para aquellos con ingresos públicos altos” y ante esto, “abundaron las críticas” y “los quejosos” aun ante la evidencia de que “estaba en la puerta la tragedia de esta pandemia”. Fue así hasta el punto de que “algunos que propusimos que ese impuesto se generalizara”, como el propio Mujica, fueron tildados de “demagogos” por parte de “gente desahogada que no tiene dificultades para comer”, lamentó.

Se trató de otra expresión de “la sociedad de la competencia, la ambición, el egoísmo”, pareciendo que “la ambición humana no tiene límites” y “la acumulación de la riqueza se transforma en la causa central de la vida”. De esa forma “no se comparten ni las migajas”, una “paradoja” que remite a “la importancia que tiene la cultura” y por eso “comparo” el caso con el de “esas mujeres que defienden el uso del velo”, ya que “una actitud y la otra” son propias “de seres humanos” cuyos actos obedecen a “las profundas claves culturales subliminales del medio en el que les tocó vivir”, apuntó.

A partir de esto reflexionó en torno a que “mi generación, ingenuamente pensó que cambiando las relaciones de producción y de distribución íbamos a tener un Hombre Nuevo, y no se dio cuenta de que ninguna construcción es firme” si “no construye una cultura en consonancia con lo que piensa”. Por eso mismo, “en el fondo, la sociedad no va a mejorar si no va acompañada de un cambio cultural, si no somos capaces de ver que ese egoísmo que empujó y tiene una fuerza creadora formidable, también tiene una cara amarga”, así que “no debemos dejarnos dominar por ese egoísmo. De lo contrario, soñar en un mundo mejor es una quimera”, razonó Mujica.