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Por Decir Fútbol

Las tres granadas que le reventaron en la cara a Vargas Llosa
22/04/2020
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No es la ideología; es la realidad

Hubo una vez un joven formado en el colegio Champagnat del burgués barrio limeño de Miraflores. Ese joven –que un día se enamoró y fue novio de su tía- luego fue y es un gran escritor: Mario Vargas Llosa.

Por la década de los años 60 este escritor –de una generación que quedó vinculada al boom literario latinoamericano- tuvo fuertes polémicas en un clima en donde la Revolución Cubana dominaba los debates.

Unos apoyándola y otros –como Vargas Llosa- tomando distancia. Tanta distancia que luego –ya con una respetable reputación como escritor- construyó y vertebro su impronta liberal desde lo político y desde lo económico. Hubo un día incluso que quiso ser presidente de Perú. No le fue bien.

Radicado en España pero dando conferencias en todo el mundo –hace relativamente poco estuvo en Punta del Este invitado por los referentes liberales uruguayos- Vargas Llosa sigue siendo un importante protagonista literario y político.

Hace pocos días, fue entrevistado por el diario madrileño “El País”. Confinado entre libros, Vargas Llosa habló y no se alejó un ápice de sus convicciones. Pero sus declaraciones –vamos a escuchar el audio- dejan entrever una cierta incomodidad en cuanto a la fundamentación liberal y anti Estado que tanto pregona. El escenario de pandemia parece desencajarlo.

“Con el progreso creímos dominada la naturaleza”, dijo en el inicio de su desorientación.

Claro, para Vargas Llosa lo que él llama “progreso” es la libertad, el libre mercado, la iniciativa privada por encima de la acción del Estado. Habria que ver que es el “progreso” o que significa y que alcances tiene ese vocablo.

“Nos habíamos confiado en que el progreso había traído tantos beneficios que ya no habría sorpresas desagradables. ¡Pues no! Las sorpresas desagradables están a la puerta”, agrega, sorprendido.

Un liberal es un antidogmático, por definición. El problema es que la ortodoxia liberal se crea su propio dogma y eso es una casa sin luz ni ventana.

Vargas Llosa –o Varguitas como le decían en los 60- no se dio cuenta de que no es un problema de ideología que enfrentan los gobiernos: es la realidad.

Vargas Llosa no se da cuenta de que el libre mercado –uno de los buques insignias de su prédica liberal- no puede dar respuestas a esta grave situación mundial.

No se da cuenta o le cuesta digerir tres granadas que le reventaron en la cara en estas semanas.

No se da cuenta de la importancia del Estado. Menos se da cuenta de los matices que existen en el pensamiento político mundial, en donde la iniciativa privada tiene relevancia pero que ni por asomo puede, ella sola enfrentar estos problemas. Y menos con la mercantilizada salud.

¿Cuáles son las granadas que tanto cuido Vargas Llosa y que un día, sin que se diera cuenta, le sacaron la espoleta y les explotaron en pleno rostro liberal?

Veamos:

  1. El Estado es la única herramienta idónea cuando hay que definir acciones colectivas en favor del bien común.
  2. El mercado no es el mejor asignador de recursos y no soluciona por si solo los problemas que se generan en las sociedades. La iniciativa privada en salud no soluciona nada. (Acá mismito las mutualistas estaban cobrando los test contra el coronavirus cuando había directivas claras del gobierno de Lacalle de no cobrar).
  3. No hay salidas individuales. Las soluciones son colectivas. El bien común se instala por encima de las libertades individuales.

Permitáseme hablar brevemente de las libertades individuales. Nuestro gobierno, el que encabeza el doctor Luis Alberto Lacalle mencionó sietes veces la palabra “libertad” en su discurso de asunción. En su última conferencia de prensa volvió a hablar de su “respeto por la libertad de cada uno”. Los referentes liberales de cabotaje, saludaron estas definiciones. Un economista –ahora en proceso de jubilación y por tanto ya no tiene que cuidar su laburo- dijo: “durante 15 años se habló solo de derechos”. El domingo pasado –en pleno uso y usufructo de la “libertad individual”- muchísimos montevideanos, sin tapabocas y sin distancia social adecuada- se volcaron alegres a la rambla de Montevideo. A mi juicio un ejemplo claro de que el “bien común” está por encima de la “libertad individual” en determinadas coyunturas y esta es una de ellas. ¿Vargas Llosa por que no baja a caminar por la paqueta y madrileña Puerta del Sol con una pancarta que diga: “Lo hago porque defiendo la libertad individual como el presidente uruguayo”.

Ojo, las granadas le revientan en la cara a varios más.

Algunos pocos ejemplos.

El uruguayo Martín Rama, es economista jefe para la región del Banco Mundial (BM). En declaraciones formuladas la semana pasada al semanario Búsqueda dijo lo siguiente: “La ventaja para estos países es que tienen los recursos, la capacidad y el poder del Estado —en el caso de China— como para pensar que van a poder actuar”. Y agrega: a partir del Estado estarán “saliendo de esta fase en poco tiempo y probablemente bastante bien”.

Y avanza más todavía, para perturbar más aún a un ya desnorteado y jaqueado Vargas Llosa: el Estado puede llegar a “tomar medidas extraordinarias”, para “recapitalizar bancos o comprar carteras, o que se deba aportarle capital a empresas que son importantes para un país”.

Ya con un Vargas Llosa exhausto se le ocurre hablar a Angela Merkel, una de las líderes mundiales más relevantes en estos momentos. Dijo: el Estado va a asistir a Adidas.

Ojo, no es a Envidrio o a Funsa, es a Adidas.Vargas Llosa ya no da más.

El Estado, la vieja parroquia adonde asisten creyentes y no creyentes

En el año 2008 la timba inmobiliaria reventó en Estados Unidos y entró sin tocar timbre en las economías de muchos países.

La crisis –de enormes dimensiones- sacudió los cimientos de la economía estadounidense. Dejó el tendal de pobres en muchos estados –allí mismo en donde Trump creció prometiendo trabajo- pero las grandes empresas y los grandes bancos fueron salvados.

¿Adivinen por quién? Por el Estado. Salieron varios vagones de plata gringa para salvar la economía.
En aquel momento, los liberales del mundo se fueron al mazo y nuestros liberales de vuelo rasante, también, con la cola entre las patas.

El Estado es la vieja parroquia al que asistenten los creyentes y –tapándose la boca y los ojos- los incrédulos, los no creyentes. Hoy con la pandemia pasa lo mismo.

Causa gracia como los economistas liberales uruguayos se sientan frente al televisor, con tapabocas y la biblia, para escuchar al presidente Lacalle como interviene en el mercado, desde el Estado.

Esos economistas fueron los que le dieron letra a Un Solo Uruguay diciendo que el Uruguay tenía un montón de mochilas en el lomo y que por eso no despegaba y que el Estado “asfixia”. Claro, cuando hay que pagar impuestos –porque de algún lado sale la monedita pal Judas- el Estado se vuelve un monstruo de mil cabezas que no deja que la gente se desarrolle en libertad… Versos posmodernos.

Merkel Y Alberto Fernandez, un solo corazón

Ya hablé brevemente de Merkel. Ahora es el turno de Alberto Fernández, el presidente argentino.
Fernandez se adhiere a la tesis socialdemócrata alemana de tanto Estado como sea posible y tanto mercado como sea necesario.

Pero avanza un poco más en estas declaraciones a Jorge Fontevecchia, el director de la editorial Perfil.

Fernandez dice que esta crisis es una oportunidad para hacer un mundo más justo. Y ahí ¿cuál será el rol del Estado y del mercado? Fernandez dice que habló de estos temas con el Grupo de Puebla, un núcleo de referentes progresistas de América Latina.

¿Y los bancos?

Hay un sector que parece fuera del radar, fuera de la mira. En verdad la mira de afuera. Nadie le pide esfuerzos, ni aportes extras. Se trata de los bancos. Todos ponen una moneda, pero los bancos no.

Acá en Uruguay el único gesto –tremendo por lo humorístico- fue proponer a los deudores postergar el pago de las cuotas hacia el final del plazo del contrato de pago. Eso sí, cobrándote el interés por esa postergación. Tremenda ayuda…

¿En todos lados ocurre eso? No. En Portugal –que parece ser un modelo en la guerra contra el coronavirus- también podría ser un modelo acerca de quienes deben aportar para salir de la crisis.

Y ya con un Vargas Llosa moribundo, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Souza, dice que los bancos tienen que aportar porque en anteriores crisis el Estado, la sociedad toda, los salvó.

“Cada portugués contribuyó para hacer viables los bancos. En este momento, sabiendo que la banca está estabilizada, es una ocasión para retribuir a los portugueses lo que hicimos”, dijo el presidente portugués.

Los bancos son en si mismo un gran tema y tienen que ver con el Estado. La sociedad toda –en Uruguay es así- pone mucha plata para que el Banco Central los controle, sean sanos, sean prolijos, no se pasen de listos. Es el Estado el custodio del sistema financiero.

Cuando el Estado miró para el costado o se hizo el distraído, pasó lo que pasó en el 2002. No controlaron a todos los bancos, se hicieron los crack con los Rohm, la secta Moon y los Peirano y así nos fue.

Hace pocos días, el presidente Luis Lacalle dijo que junto a la ministra de economía Azucena Arbeleche, estuvieron hablando de Keynes.

John Keynes era un economista británico cuya principal conclusión de su análisis es una apuesta por la intervención pública directa en materia de gasto público. Resulta que Lacalle, que pone el acento n la libertad, el libre mercado y en la menor intervención del Estado, ahora gira su mirada hacia otro lado. ¿Ideología o la tozuda realidad?

Vargas Llosa que estuvo reunido en Punta del Este con los doctores Sanguinetti y Lacalle Herrera, ya no sabe para dónde arrancar.

Noam Chomsky es un filólogo estadounidense. Un referente de la izquierda radical norteamericana. Hace pocos días dijo una cosa tremenda: “es tan grave la situación que la gente no cree en los hechos”.
Y parece que Vargas Llosa tampoco.

Linng Cardozo
22 de abril de 2020

Materiales consultados:

Semanario Búsqueda.

Mario Vargas Llosa: “Con el progreso creímos dominada la naturaleza”. El País de Madrid

Perfil entrevista a Alberto Fernández.