La oleada conservadora o el día que nos hicimos los distraídos
21/09/2020
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Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

 

El ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera ha explicado este fenómeno de una manera que coincido. Apelo a la física: los movimientos sociales y políticos son como movimientos tectónicos en el planeta humano. Los movimientos tectónicos son fuerzas que provienen del interior de la tierra y actúan construyendo y destruyendo las grandes formas de relieve.

No las vemos, pero existen. Podemos hacernos los distraídos, pero existen.

Pretendo hacer un recuento de hechos políticos -básicamente pronunciamientos de la ciudadanía- que enhebran esos movimientos tectónicos y que por momentos afloran unas capas que sustituyen en la superficie a otras.

Para comenzar esto, por poner un arbitrario punto de inicio, ubico el primer mojón en 1971.

EL TALANTE AUTORITARIO

En las elecciones de 1971 -rodeado de un intenso conflicto social que no lograba canalizarse a través de las expresiones clásicas en Uruguay, o sea los partidos políticos y sus representantes- tres partidos políticos presentaron militares como candidatos a la presidencia. En el partido Nacional, el general Mario Aguerrondo; en el partido Colorado el general Pedro Ribas y en el Frente Amplio el general Líber Seregni.

Obsérvese que en la sociedad anidaba un talante autoritario para enfrentar la coyuntura. No es casual que la oferta electoral contuviera tres militares. Me detengo en los generales Aguerrondo y Ribas. Aguerrondo anduvo rondando un golpe de Estado en la década d ellos años 60. Ribas dibujo un golpe de Estado en 1945 que se diluyó. Seregni, en cambio, fue un obstáculo a los movimientos golpistas.

Claro, las elecciones las ganó Bordaberry con toda la operación colorada de la reelección, y dentro de esa opción, las élites empresariales y militares juntaron fuerzas para lo que luego se vino.

Me quiero detener en este fenómeno. En Uruguay, la familia pesa enormemente en la construcción del voto. La familia es el primer escalón en la opción política. Esto -que está estudiado- explica los movimientos tectónicos en la sociedad uruguaya.

¿Dónde fueron a parar aquellas familias que optaron por propuestas conservadoras o reaccionarias? ¿Qué pasó en las familias de la franja progresista y de izquierda?

Esas familias siguieron, queriendo o no, construyendo voluntades políticas y votos, con mayor o menor compromiso. El argumento “soy de familia blanca”, sigue siendo válido hoy. También se aplica en la izquierda.

Una anécdota que estaría bueno que estuviera en algun libro. Hay otra Generación del 68. Conocemos la vinculada a las revueltas de ese año, a la izquierda, a los estudiantes y los obreros. Pero hay otra Generación del 68 que se expresa en esta anécdota: en 1967, cuando se conoce la muerte de Ernesto Che Guevara, en una casa de Carrasco, una señora -esposa de un connotado médico y madre de uno que hoy es una relevante figura- sacó una botella de champan y la descorchó. Hay otra anécdota: un joven hijo de familia acomodada pensó que tenía que luchar contra el comunismo en esos años. Optó por ingresar al Liceo Militar.

Esas familias y otros miles siguieron construyendo voluntades políticas como veremos.

EL PLEBISCITO DE 1980

Damos un salto de 9 años, de 1971 a 1980. Nueve años es nada.

Los militares intentan consolidar su lógica y proponen un plebiscito. Ahí, con cierta timidez, se alinean nuevamente las dos mitades con las cuales Uruguay se expresan desde hace decenas de años.

La propuesta fue rechazada por casi un 57% de los votos válidos lo que, a la postre, desencadenó el proceso de apertura democrática.

¿De donde viene ese 57%? De las capas sociales que se movían por abajo en la sociedad uruguaya; de los reflejos democráticos, del wilsonismo y de la izquierda. El otro 43% reproduce mas o menos las opciones conservadoras y reaccionarias -aunque hay comportamientos que obedecen al miedo- y está constituido por aquellas opciones de 1971.

En todo ese tiempo, las familias siguieron formando votos.

Ya en 1984, la suma de votos democráticos, progresistas y de izquierda reproducían un mapa similar. Esto quiere decir que había segmentos reaccionarios, anticomunistas y empresariales que constituían opciones electorales y que también fueron criando votos. Y esos segmentos tenían incidencia en el interior del país. (Recuérdese que los soldados provienen básicamente del Interior y que los cuarteles también fueron -y lo son- constructores de opciones políticas. Ustedes lo saben: el interior ha sido un bastión básicamente del partido Nacional, aunque se han registrado algunos movimientos en esas capas en los últimos años.)

Luego de 1984 la historia es mas conocida, las dos mitades operan casi empatadas, con una supremacía entre 1984 hasta 2004 del bloque denominado conservador o centroderechista y desde 2004 hasta 2019 el bloque progresista.

Deseo no pasar por alto el plebiscito de 1989, sobre la ley de Caducidad. Incidieron un conjunto de fenómenos, pero la votación arrojó el siguiente resultado: 57% favor del mantenerla y 43% en rechazo. ¿Se dan cuenta que son los mismos porcentajes, pero al revés, de lo ocurrido en el plebiscito de 1980?¿Es correcto decir que el de 1980 fue contra los militares y el de 1989 a favor de los militares? Bueno, no es tan así. Esta afirmación encierra un conjunto de detalles que, por lo menos, la matiza. Había muchos factores en juego y esa visión simplista desemboca en equívocos, hace sacar conclusiones equivocadas.

En los 15 años de gobierno del Frente Amplio, ¿significa que desaparecieron aquellos sectores políticos, ciudadanos o grupos influyentes inclinados al autoritarismo y al conservadurismo?

De ninguna manera. Existieron y existen. La bonanza económica de los gobiernos del Frente Amplio los contuvo -más bien que fueron socios de ciertos aspectos de la política económica progresista- pero apenas la renta del país comenzó a caer, empezaron a empujar con la misma lógica de siempre: asumir el poder para recomponer la renta perdida e incidir para que esa dinámica no sea corta en el tiempo.

EL ANTICOMUNISMO COMO EJE

Cuando uno observa las conversaciones, declaraciones e intercambios de opiniones en varios países, (Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Ecuador, Estados Unidos, España, Francia, etc) se ve que hay un tronco común que existe pese a la caída del muro de Berlin y la desaparición de la URSS: el anticomunismo.

No hay que ser muy profundo en la investigación. Se nota eso perfectamente en las expresiones públicas gracias a las redes. Un ejemplo: Trumph dice que el partido Demócrata traerá el socialismo a Estados Unidos. En Argentina basta escuchar a la ex ministra del Interior, Patricia Bullrich, habla de los “zurdos”. Acá ese discurso está en las redes y provienen de varios sectores políticos. No es propiedad de uno solo. Bolsonaro es otro exponente de ese pensamiento troncal.

Cuando uno entra en Facebook a las páginas de varios sectores en Uruguay, se observa ese tono en sus seguidores. El anticomunismo como eje.

Claro, a ese árbolito le cuelgan chirimbolos y ellos obedecen a cada país. Normalmente van acompañados de un discurso antiglobalizador, xenofobo y nacionalista.

LA CUESTION DE LAS LEALTADES

Hay otro fenómeno en Uruguay, que es raro en el país, pero que existe. Se trata de una erosión de las lealtades partidarias y un cierto tono autoritario.

Hasta mediados del año pasado, yo dije que era muy difícil que ManiniRios fundara un partido por fuera de las estructuras políticas tradicionales. Me equivoqué; lo hizo y con éxito.

Eso lo decía porque Uruguay muestra estabilidades políticas relevantes muy diferentes a las de otros países en donde se crean partidos para una elección y luego dejan de existir.

Cabildo Abierto es una experiencia -similar al Frente Amplio- que hizo que mucha gente soltara amarras, se alejara de sus lealtades partidarias y se concentrara detrás de un líder por fuera de las estructuras partidarias.

Cuando estaba escribiendo esta columna, aparece una interesante nota en el semanario Búsqueda en donde se expresan fuertes diferencias dentro de Cabildo Abierto: los civiles cuestionan a Manini. Esa noticia cuestiona esa definición extendida de “partido militar”.

Queda claro desde esa nota que la definición por lo menos hay que revisarla: un grupo importante de gente de Cabildo Abierto y varios diputados cuestionan la cantidad de militares en la estructura del gobierno de Lacalle Pou.

El 70% de los cargos de Cabildo son militares. Hay una página que sigo con atención en Facebook, Aurora Artiguista. Es afín a Cabildo, pertenece a Cabildo. Allí yo observé desde hace varios meses esa queja velada de ubicar a militares en cargos de gobierno y no designar a gente capacitada que pertenece a los segmentos civiles.

El fenómeno neo conservador, con tonos anticomunistas y autoritarios, contiene muchos elementos y es complejo.

Es claro que el caudal electoral de Cabildo Abierto viene de las derechas del partido Nacional y Colorado y de segmentos pobres que en el pasado votaron al Frente Amplio en especial al MPP. (Un apunte sobre esto: Oscar Botinelli explicó que ese votante que había sido del MPP veía a José Mujica de manera “paternal”, un “padre” y en Manini observador un “jefe”, una figura sinónimo de “autoridad”. Obsérvese los parentescos entre esas caracterizaciones).

El discurso anticomunista aparece incluso en Julio MaríaSanguinetti pero esa derecha parece que ya no se encuentra representada en el partido Colorado y si en Cabildo Abierto.

Esas sensibilidades complejas de describir, buscan interpretes políticos y en Uruguay existen esos intérpretes, que Álvaro Padrón los describió el miércoles pasado.

En el mundo, hay movimientos tectónicos complejos. Tiene componentes derivados de las nuevas lógicas de la globalización, pero por debajo subyacen los mismos valores, la misma lógica discursiva y la misma pugna: obtener el poder para salvar al mundo del comunismo y adyacencias.

¿El tema es Manini? Para mi no. El tema es hurgar y observar por que Manini es relevante. Hay gente que sintoniza con él. Por tanto, hay que indagar en ese núcleo social para entender mejor el fenómeno.