La historia del uruguayo que quiere cruzar el Atlántico en un velero
19/02/2020
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El velerista Federico Waksman competirá en la regata de extrema aventura Mini Transat, con el objetivo de convertirse en el primer uruguayo en cruzar el océano Atlántico en un barco del tamaño de un auto Twingo. La travesía durará 30 días y para completarla deberá llevar el menor peso posible y dormir en siestas de no más de media hora.

Navegante desde pequeño, recibido de ingeniero mecánico industrial y aventurero nato, Federico viajó muchos años de mochilero por el mundo. En 2015 se encontraba en la base del Everest cuando ocurrió el terrible terremoto en Nepal, donde luego se quedó para prestar ayuda.

Su gran proyecto actual, a sus 30 años, es competir en la regata de extrema aventura conocida como Mini Transat que se realiza cada dos años. La próxima será en 2021. Lo hará en una pequeña embarcación a vela, de 6,5 metros de largo y 2 metros cuadrados en su interior, comparable con el tamaño de un Renault Twingo.

«Siempre competí en vela y me dediqué a correr regatas pero la Mini Transat es como un Ironman o un Dakar entonces es todo un desafío. Se larga de Francia y llega hasta el Caribe, con una única parada en las Islas Canarias. La primera etapa son 15 días y otros 15 desde Canarias hasta el Caribe», dijo Waksman.

Participan 90 veleristas de todas partes del mundo y para clasificar deben hacer 250 millas en las regatas avaladas por la competencia. Federico ya está empezando a acumularlas para poder convertirse en el primer uruguayo en cruzar el Atlántico en un barco al que solo lo mueve el viento. De lograrlo, pasar 30 días en el velero no será fácil.

«No podés llevarte mucha comida porque no hay lugar y el barco no puede estar muy pesado. Lo que se lleva es comida deshidratada. Dormir también es un problema porque todas las horas que le dediques al sueño no se las estás dedicando a que el barco vaya rápido ni a la seguridad», agregó el velerista.

Por eso tiene que dormir en siestas de 30 minutos, que le permitan estar atento a cualquier cambio en las condiciones del mar o del viento. En todo momento, incluso al dormir, deberá estar atado a un arnés.

«El barco no te para a buscar y es imposible remar a la velocidad a la que va. Caerse es de los peores riesgos que tenés porque hay grandes chances de que no te encuentren», concluyó Waksman.