La ganadería uruguaya no ha podido hacer lo que hizo la lechería y no existe una Conaprole de la carne
20/11/2020
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En su espacio de reflexiones en M24 el expresidente José Mujica prosiguió desarrollando el tema de la transnacionalización de la economía y recordó que “solo la unidad nos permite sobrevivir” preservando el interés nacional porque la alternativa a esto es estar “manejados por intereses desde afuera”.

Mujica recalcó el concepto de su serie de columnas recientes en el sentido de que “estamos en un mundo más rico y más desigual” y “como expresión de esa creciente desigualdad (…) empezamos a notar la importancia que tiene la proliferación a nivel del mundo de las empresas transnacionales, que no son un invento nuevo”.

Como ejemplo de esto recordó que “en sus inicios la conquista de la India por el Imperio Inglés la hizo una compañía inglesa, y la conquista de Indonesia la hizo una compañía holandesa. Y como era algo tan desmesuradamente grande, después los Estados se hicieron cargo” de esos procesos de conquistas, colonización y explotación.

Remarcó después la idea de que “lo nuevo, lo de hoy, es la brutal expansión de esta economía transnacional, con equipos profesionales que dirigen masas de capital enorme, atrás de encontrar la mayor tasa de ganancia posible en los distintos escenarios. No pertenecen a un país, pertenecen al mundo, pero especulan con las contradicciones de los países”.

Ese proceso “está produciendo una especie de acorralamiento de las burguesías nacionales, que terminan asociándose como accionistas de estas multinacionales o se hacen rentistas, compran bonos, o apartamentos para alquilar o cuestiones por el estilo, pero dejan de ser emprendedores”.

“Y señalábamos que no por ser transnacionales son malas o son buenas”, dado que algunas de ellas “traen tecnologías e impulsan crecimiento económico porque hacen cosas que no sabíamos hacer y no podíamos hacer, y nos ayudan en el campo de la exportación”.

En definitiva, “son positivas porque ayudan a multiplicar la riqueza y el trabajo interno”. Pero en cambio “otras” de esas compañías “vienen a comprar empresas y las cierran porque les conviene más importarse a sí mismas de alguna filial, como pasó con los jabones, y se aseguran el mercado para sí, pero nos obligan a gastar divisas porque antes producíamos y ahora tenemos que importar.

Y no dejan trabajo” excepto un “pequeño trabajo de distribución. Estas no son inversiones que convengan, son un clavo remachado”, graficó. En esta última dirección, también “las transnacionales de la distribución, cadenas de supermercados de capital que viene de afuera, no hacen otra cosa que tratar de apropiarse del mercado interno, desplazando a comercios medianos y pequeños que ya existían, que no pueden competir con las técnicas que aplican, por la escala que aplican, pero que en el fondo estas empresas para nada aumentan el patrimonio productivo, laboral, sino que desplazan, y además concentran el ingreso formidablemente”, puntualizó.

“Por ejemplo, hay una cadena de supermercados en el Uruguay que no quiere vender cerveza nacional de la que se fabrica en el país, y no quiere vender, dicen, porque le pidió una barbaridad, y de la empresa productora de cerveza no accedieron a darle esa ventaja, dicen, andan los comentarios. Y entonces importa cerveza.

Entonces no se consume cerveza de la que se fabrica acá, que la fabrica alguna transnacional, obvio, pero por lo menos hay trabajadores en el Uruguay que trabajan haciendo cerveza. No, la importa directamente, por una razón de mercado, porque está buscando imponer ciertas ventajas.

Y si esto lo hace con una formidable empresa productora de cerveza, calcule cómo les va a los chacareros de mi barrio, chicos, que le pueden vender a esta cadena, cómo los tratan, cómo les pagan, las condiciones que les ponen (…) Estos son los casos donde el capital transnacional no nos favorece, sino que realmente nos perjudica”.

Diferencias como las mencionadas dan cuenta de que “la existencia de la economía transnacional crea contradicciones y hay momentos en que juega a favor” como hay otros “en que juega en contra. Es un error de ingenuidad juzgarlas todas parejas”. No obstante, hay más factores en juego, como “las debilidades congénitas de nuestro propio ser nacional”.

Por ejemplo, “la ganadería es más vieja que el país; si hubiera habido una evolución real, los frigoríficos deberían ser en alguna forma propiedad de los productores de ganado”, pero “sin embargo sorprende (…) que apenas queda un frigorífico uruguayo (…) los demás todos pertenecen a capital de afuera. Esto habla de la impotencia que también suelen tener las clases sociales, que existen”.

Entonces, reflexionó el líder del MPP, “nuestra burguesía acorralada se ve superada por los problemas y a veces, pidiendo beneficios tampoco cumple a fondo su papel directriz de los fenómenos económicos. Y no ha podido la ganadería uruguaya hacer lo que hizo la lechería, que de alguna forma, por la acción del Estado fundó su empresa, que la manejan, de alguna forma, el interés de los productores. Y no existe una Conaprole de la carne, que debía ser el modelo natural. Esto habla también de nuestras debilidades. En este mundo de transnacionales, solo la unidad y crear cosas parecidas nos permite sobrevivir con holgura, o determina que seamos manejados por intereses desde afuera. Este es uno de los dilemas de nuestra época (…) A veces le achacamos responsabilidad a otros de nuestras debilidades”, anotó.