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La fractura social expuesta y los sin dientes

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Por Linng Cardozo

1) Desde siempre hubo colegios privados. Estaban limitados a muy pocos; algunos en la periferia atendidos por religiosos y la mayoría en los barrios pudientes. Hoy están extendidos. Llegaron a sectores de la clase media y media baja. Los colegios privados dieron respuesta de tiempo extendido, necesario para los padres que trabajaban todo el día. La escuela pública no dio esa respuesta. Entonces, niños y niñas se alejaron de la escuela pública que integraba al hijo del albañil, con el hijo del abogado o el gerente de banco. (Los nefastos resultados de las pruebas PISA alcanza, también, a los hermosos colegios privados.)

2) Otro día llegaron las universidades privadas. Se expandieron. Clase media alta y alta querían perfume educativo y relacionamiento social. Los muchachos recibidos tenían relaciones sociales y eso aumentó la posibilidad de conseguir laburo calificado. Determinados lugares -estudios jurídicos y contables y medios de comunicación, entre otros – fueron ocupados por aquellos egresados de las universidades privadas. Relaciones, que le dicen. (Muchos prefieren trabajar por unos pocos pesos -los padres bancan – en estudios como De Posadas o Ferrere, con el único objetivo de tener en su currículum esa calificada experiencia laboral). La Udelar quedó atrás; no es “prestigiante”.  (Llegado a este punto, acérquenme los aportes de las universidades privadas en la lucha contra el Covid…).

3) Otro día llegaron los barrios privados. Un lugar distinto. Niños a colegios y universidades privadas -cercanos a los centros educativos – y barrios especiales, con guardias de seguridad y patos en la estanque. Integración social las pelotas. A lo sumo contacto con la empleada doméstica (que no aporta a la seguridad social…). Pero ocurre que en los sectores menos pudientes, la tasa de fecundidad más que duplica la que exhiben las clases medias y altas. Los hogares más pobres son más numerosos pues las parejas tienen más hijos, y dos de cada cinco miembros jóvenes son «ni-ni», lo que contribuye a perpetuar la miseria. Después compará los niveles de aprendizaje de esa gente (Marconi, Casavalle, Cerro Norte) con otros (Cordón, Pocitos, Carrasco o Aguada). Entonces, la demagogia gritará desde la tele de 32 pulgadas: ¡¡es un desastre la educación!!

4) Un día esos pobres -hijos, nietos y bisnietos de putas y malandras- serán mayoría en la sociedad. Y un día tendrán presidente y cerrarán todos los colegios y universidades privadas y no habrá más barrios privados. (Y la izquierda, el centro y la derecha no sabrán qué hacer). Y una mujer o un hombre, con escasos dientes y mucha memoria, se cruzará la banda presidencial en el pecho en nombre de los descartados.

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