Foto: Nicolás Celaya /adhocFOTOS
La desigualdad excesiva es un verdadero karma para la democracia, dijo Mujica
13/11/2020
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En su espacio de reflexiones en M24 el expresidente José Mujica recordó que el proceso de incesante concentración de riqueza que agrava cada vez más la desigualdad en todo el mundo, empezó hace 40 años por decisiones de política tributaria en las economías centrales que bajaron “los impuestos a la renta y a la herencia” y subieron “los impuestos directos al consumo”.

Mujica retomó el tema de la hiper concentración de la riqueza en el mundo durante “los últimos 40 años”, un proceso que agranda incesantemente las desigualdades entre clases sociales mientras la economía no deja de crecer.

“Por ejemplo, en Estados Unidos, hasta 1980, el 50% más pobre de la población recibía el 20% de toda la renta nacional”, pero “hoy ese 50% más pobre apenas recibe el 12% de la renta nacional”. Lo que sucede allí es que “la globalidad de la economía creció, pero mucho más creció la concentración” de las riquezas y valores que produce. “La diferencia que hay entre la clase media y los milmillonarios es aterradoramente inmensa”, una tendencia que “poco más, poco menos, tiende a darse en todas partes”.

Y las perspectivas no son promisorias si se tiene en cuenta un dato que refiere a las próximas décadas: “de los estudiantes universitarios” de entre 20 y 23 años “solo el 10% tiene origen en las familias pobres” mientras que “el 90% tiene origen en las familias acomodadas”, significando esto “un porvenir totalmente distinto” para unos y otros porque “la desigualdad de hoy tiende a generar más desigualdad de futuro” a través de la Educación. Y “la desigualdad excesiva es un verdadero karma para la democracia”.

Este proceso “se hace tan intenso a partir de 1980” como consecuencia de “los cambios que se dieron” desde entonces “en las políticas tributarias, que dejaron por el camino criterios de fiscalidad progresiva, aquello de ́que pague más el que tiene más ́”. “Se da de hecho” desde la “ ́revolución conservadora ́ con la señora Thatcher en Inglaterra, con el señor Reagan en Estados Unidos, con Pinochet y las reformas que hizo en Chile”, reseñó.

“En grosso modo, los impuestos que se cobraban entre 1932 y 1980, eran proporcionalmente el doble de lo que se entró a cobrar en la década del ́80 y del ́90, sobre todo en el área industrializada del mundo” pero “repercutió en el resto del mundo”. Este proceso regresivo ha ido incrementando “la acumulación de una minoría, acentuando enormemente la desigualdad en la distribución del ingreso, porque bajaron las tasas de los impuestos a la renta y a las herencias” al tiempo que “tendieron a multiplicarse los impuestos directos al consumo”, o sea los que afectan a los trabajadores y jubilados.

Es así que esa “reducción de la progresividad fiscal decidida a partir de 1980 ha contribuido a un aumento sin precedentes de las desigualdades en Estados Unidos y Europa, y paralelamente mitigó o frenó la participación en la renta nacional de los hogares menos favorecidos en esas sociedades, generando un sentimiento muy hondo en la clases medias y populares”.

“Esto va a explicar actitudes xenófobas, cosas como el ́Brexit ́, va a explicar por qué ese cinturón industrial en crisis terminó votando al señor Trump, va a explicar tal vez (…) los ́chalecos amarillos ́” franceses, anotó.

Y ese mismo proceso “también nos afectó acá, porque es imposible que el productor de granos” en países como Uruguay “se dé cuenta de que en la presencia de Cargill y en el comercio internacional, se va gran parte, sustraído, de su esfuerzo. Estos fenómenos hacia arriba son difíciles de ver y producen reacciones negativas en este sentido”, advirtió el líder del MPP.

“Hemos padecido una revolución fiscal conservadora a partir de 1980” con “hondas consecuencias en acentuar (…) enormemente las desigualdades. Porque precisamente es un fenómeno que se alimenta a sí mismo”, explicó.

Y además, en ese transcurso, “las fuerzas más o menos adversas” a aquella ́revolución conservadora ́, es decir las corrientes “progresistas” del mundo más desarrollado “como la socialdemocracia europea, no atinaron a tratar de lograr reglas comunes de una fiscalidad internacional, que dieran respuesta en la base a esta tendencia creciente a acentuar la desigualdad”.

“Nuestra época es paradojalmente maravillosa (…) porque vivimos 30 o 40 años más que hace un siglo y medio, pero también encierra cosas como ésta: creciente desigualdad que no tiene otra explicación que las decisiones políticas que se han tomado en las áreas centrales del mundo”, resumió.