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Falta estratégica del país

La ciencia, postergada: expresidente de ANII detectó recorte presupuestal del 25% tras pedido de acceso a la información pública

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La dirección actual de la ANII no presentaba los datos presupuestales en su página web, un cambio en las tradiciones de la institucionalidad. Pero un pedido de acceso a la información pública realizado por el extitular del organismo, Edgardo Rubianes, permitió establecer cuál fue el recorte en relación al año 2019: es de un 25% menos.

“No se puede decir que por ser los mismos números son el mismo financiamiento”, dijo Edgardo Rubianes en la entrevista central de Nada Que Perder (lunes a viernes desde las 08:00 horas). La relación en pesos constantes entre los presupuestos de 2019 y 2022 es un 25% menos. Antes se publicaba el plan operativo de la ANII que incluía lo ejecutado el año anterior, una tradición que la actual gestión no realizó.

Luego del pedido de acceso a la información pública, los datos aparecieron y confirman el titular de Rubianes. “Hay un recorte y terminaría con este concepto: no hay política pública de ciencia y tecnología explícita en Uruguay, hay declaraciones pero no hay concreción en la práctica”, definió.

No hay explicitación de objetivos y estrategias, lo que hay son derivados de las anteriores administraciones que delinearon herramientas que se mantienen pero que en algunos casos fueron recortados, agregó.

Esto era esperable, según Rubianes. Las plataformas electorales de los partidos de la coalición o no tenían un capítulo en profundidad o tenía “titulares”, que son los que hoy tenemos. Si bien el objetivo del 1% del pbi de inversión en ciencia y tecnología, hoy se recortó la inversión en el área.

Mientras las declaraciones públicas del ministro o del titular de ANII dicen que los fondos se incrementaron, la ejecución presupuestal (que no eran públicas, lo son porque Rubianes los pidió) el recorte en pesos constantes es del 25%. “Que no venga el ministro o el presidente de la ANII manipulando las cifras”, expresó, porque “cualquier niño sabe que una misma cantidad de pesos de antes y de ahora no le da para la misma cantidad de caramelos”, ironizó.

En el primer gobierno se crea una organización institucional, presupuesto y líneas de trabajo. Fue un cambio trascendente y muy explícito que, además, dio frutos: la inversión en ciencia e innovación pasó de 0,2% de pbi a 0,4% de pbi, en el marco de un producto bruto que aumentó. Después se mantuvo y actualmente se recortó.

Rubianes dijo que hay aspectos de la institucionalidad que deben cambiar, a 15 años de creación de la política pública de innovación. Opinó que las demandas derivan desde tres ámbitos: el mundo productivo, el mundo institucional (“lo vimos en pandemia”, ejemplificó) y la demanda “prospectiva”, es decir, la que se requiere con mirada de largo plazo.

Dos modelos de país, dos modelos de ciencia y tecnología

“Si el objetivo del país es generar condiciones de mercado para el desarrollo científico y tecnológico quizás no sea tan demandante, y es lo que pasa cuando la renta se mejora mediante la incorporación de tecnología desde el exterior y esto es bastante consistente que no se planteen generar desarrollos científico-tecnológicos porque no lo ven en su cosmovisión”, explicitó.

Por otro lado, si la meta es un país con un desarrollo que permita la inclusión y, por tanto, el rol del Estado sea más relevante, será necesario ese soporte de la innovación para esas políticas productivas y sociales, complementó Rubiales.

Se puede alcanzar cierto consenso, como en la primera etapa de las políticas de ciencia y tecnología en el primer gobierno frenteamplista. La ANII sigue como institución relevante del país pero la discusión pasa por otro lado, lo que indica que tiene bastante consenso. Antes de 2007 estaba el Fondo Clemente Estable que tenía solamente medio millón de dólares y hoy cuenta con varios millones; se creó un Sistema Nacional de Investigadores, incentivados y categorizados. Hoy esas políticas se reivindican y se toman como referencia, explicitó.

La Universidad de la República, el INIA, el Clemente Estable, el Pasteur, el CUDIM, el PEDECIBA, el LATU y la ANII, integran el corazón de la investigación científica en el país y cuenta con unos 200 millones de dólares por año. “Ese es el núcleo que hay que desarrollar”, reclamó Rubianes, tanto desde la institucionalidad, la reorganización de prioridades para el sector a la luz de los cambios en el mundo, y la generación del financiamiento adecuado. En ese marco, la meta del 1% del pbi es alcanzable pero aun así es bajo en relación a los países pequeños desarrollados (Dinamarca o Nueva Zelanda, por ejemplo).