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Por Decir Algo

La Casa de Papel, el coronavirus y el día después
08/04/2020
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La Casa de Papel es una serie española que pasó sin pena ni gloria en la televisión española hasta que la agarró Netflix. La dobló en varios idiomas y el impacto de la serie –cuya cuarta temporada acaba de emitirse- es ya un fenómeno global.

 

Se trata de una experiencia que tiene diversas aristas.

A partir de un robo a dos bancos estatales españoles, la serie parece tener varios significados o mensajes que son los elementos centrales que seducen, junto al tradicional catálogo de recursos fílmicos tradicionales: tensión, pasión, sexo, intriga, acción, transgresiones varias, etcétera.

A mi juicio, la Casa de Papel pone arriba de la mesa 5 elementos que son significativos y que pueden explicar algunos aspectos de este fenómeno mundial y que se vincula con el coronavirus y el día después, tan incierto como desafiante.

Los 5 elementos que presenta esta serie son:

  1. Tipos de democracia, alcances y formas de la misma;
  2. Feminismo, patriarcado y derechos de la mujer;
  3. Valores de solidaridad, trabajo en equipo, formas de liderazgos;
  4. Derechos humanos, gobiernos y sistemas de seguridad;
  5. Perversiones de los sistemas financieros.

Todos esos elementos –más los recursos tradicionales en cine- permiten que la serie sea un fenómeno mundial. Es probable que a cada telespectador le seduzca más o menos determinados personajes, situaciones o microhistorias dentro de la gran historia.

La simpatía con los que violan la ley

Pero hay un elemento que sobrevuela y que ha hecho que la serie haya sido motivo de expresiones solidarias en todo el mundo. Además de inspirar a delincuentes de verdad –son innumerables los robos a estaciones de servicios o supermercados que han sido realizados con las máscaras de Dali tapando la cara de los chorros- ha motorizado protestas sociales en distintas ciudades.

No es menor que la banda de delincuentes de la serie –que han jurado que todas las operaciones sean limpias, sin muertos- haya generado tantas simpatías, a tal punto que robar un banco provocó muestras de solidaridad de miles de personas. A tal punto que los guionistas resolvieron mostrar esa solidaridad en las concentraciones de ciudadanos fuera del Banco de España y los carteles –debidamente guionados- hablan del repudio a los bancos que dicho sea de paso, estuvieron en el centro de la grave crisis económica española desatada en el 2008.

Los bancos españoles fueron y aún lo son, los grandes buitres que –entre otras cosas- han sido solidariamente auxiliados por el Estado, mientras miles de españoles pierden sus viviendas hipotecadas en esas instituciones.

Pero no solamente eso. Mientras los bancos fueron auxiliados, el sistema público de salud en España se fue deteriorando. Así fue con los gobiernos de Zapatero y de Rajoy. Cayó la inversión pública en ese sector.

Entre la serie y la gente –digo la gente como si yo pudiera ser el intérprete de millones de personas, aun así me animo al posible desatino- hay una suerte de “vinculación filosófica”.

Si lo dicho es poco, menciono este elemento de fuerte carácter simbólico: la banda sonora del grupo de delincuentes:

Observo que esta canción –de los partisanos italianos, la resistencia antifascista- es uno de los centros valóricos de esta serie.

Una canción rebelde y revolucionaria transformada en himno antisistema.
Una canción de resistencia, que paradojalmente se creó en Lombardía, zona de Italia especialmente golpeada por el coronavirus.

Los chorros y el coronavirus

Ahora bien, ¿por qué vinculo La Casa de Papel con el coronavirus y el día después?
Veamos. La pandemia ha tirado abajo algunas verdades construidas por centenares de años, en particular desde los años 70 para acá.

  1. Rol del Estado.Dicen: el mercado es el mejor asignador de recursos y dejemos que el se encarga, porque es bueno y vela por nuestros intereses. Eso se fue al diablo. En todos los países –en todo el Planeta- los ciudadanos y los fedayines del ultraliberalismo reclaman del Estado acciones vigorosas y eficientes.Esos mismos fedayines del ultraliberalismo –que ahora parecen descubrir a Keynes- fueron los que escribieron toneladas de libros y enseñaron en las mejores universidades, que la salud no era un bien público ni un derecho de las personas, de todas las personas, y que cada quien se las debía arreglar. Con ese discurso y esa práctica, generaron las condiciones miserables en los sistemas sanitarios, favoreciéndose el negocio privado en lo que ellos denominan el “mercado de la salud”. (Agrego dos comentarios: que nadie piense que el Hospital Britanico hace altruismo; en la Universidad de Montevideo se dicta un posgrado en gestión de salud. Allí se habla del “mercado de los servicios de salud”).Les doy un solo dato: en Italia –foco y centro de tantas muertes y dramas- hace 25 años que viene cayendo la inversión pública en salud.
    “Resistencia” cantan los tanos en Bella Ciao, en la Casa de Papel y en los balcones italianos.
  2. Individualismo. El otro gran pilar del ultraliberalismo que se derrumba es el del supremo individualismo como conducta dominante y a promover.El coronavirus es un obus que le revienta en la cara a los sacerdotes del sálvese quien pueda, que sobrevivan los mejores, o sea: el darwinismo social.Eso se fue al diablo: hoy la solidaridad ciudadana, social, el poder ciudadano, está salvando lo que los Estados no pueden.

    La organización popular en Uruguay –que es lo que conozco- está dando heroicas e inmensas respuestas. La sociedad civil y el Mides –la institucionalidad creada para atender a los pobres y que fuera criticado porque atendía a “vagos”- son los soportes humanitarios ante la emergencia.

  3. Deficit fiscal. El otro gran pilar del ultraliberaismo caído a pedazos, es el famoso déficit fiscal. En Uruguay y en el mundo, los sacerdotes bien comidos que cuidan la parroquia del déficit fiscal, ahora esperan la cadena nacional o la conferencia de prensa del Presidente Luis Alberto Lacalle, para informarse acerca de que hará el Estado en los próximos días, cuánta plata pondrá y de dónde sacará.¿Se dan cuenta que ya no importa el déficit fiscal? El presidente Lacalle ha dicho con claridad: la plata para la protección social está y estará, es para el Mides o el BPS.Otra vez aparece La Casa de Papel. El egoísmo del sistema –representado por los bancos españoles, la policía y los clanes oligárquicos enquistados en el Estado Español- frente a la fuerte solidaridad de un grupo de delincuentes que todo lo dará por cada partecita de ese grupo. Hasta la muerte, como la ocurrida con la líder feminista del grupo llamada “Nairobi”.

    ¿Y el día después? ¿Qué será de nosotros, del sistema de partidos, de la democracia, de la economía, de la gobernanza mundial, del grupo de los 8, del G20, de la ONU?

  4. Las calificadoras de riesgo. ¿Qué será de las calificadoras de riesgo que deben estar valorando el suicidio o ensayando coreografías en la muralla china?Ellas, supremo papado de la economía mundial y guardianes del riesgo, ¿qué harán cuando vean que Estados Unidos es el mayor deudor del mundo, con un Estado quebrado aunque con la máquina intacta de fabricar dólares?

¿Qué seremos de nosotros y que seremos cada uno de nosotros –con sus propias peripecias vitales y realidades- luego que termine esto? ¿Cuándo terminará esto?

Linng Cardozo
7 de abril de 2020