Kechichián dijo que expresiones de Raffo no contribuyen al clima de las elecciones y le recordó “el pacto del chinchulín” y el de “Anchorena”
17/08/2020
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Foto: Ricardo Antúnez / adhocFotos.

La candidata multicolor, Laura Raffo, dijo que existe «un pacto de silencio» en el Frente Amplio, luego de conocer la postura del partido progresistas que resolvió que sus candidatos a la intendencia de Montevideo no debatan con su principal adversario y que no se reúnan con el presidente Luis Lacalle. «Hablar de pacto de silencio es una acusación muy grave», dijo la senadora frenteamplista Liliám Kechichián.

La semana pasada la candidata de la coalición multicolor que se presenta a las elecciones departamentales de la capital del país con el lema del Partido Independiente, Laura Raffo, dijo en una conferencia de prensa que los candidatos del Frente Amplio no tendrán «ninguna libertad para tomar sus propias decisiones» y en ese sentido dijo hay «un pacto de silencio» en la fuerza progresista a raíz de la negativa de debatir y de mantener un encuentro con el presidente Luis Lacalle. Esta determinación se tomó en una reunión en la que participaron las principales autoridades del Frente Amplio con los tres candidatos: Álvaro Villar, Daniel Martínez y Carolina Cosse.

Kechichián indicó que aquella conferencia fue «agresiva e inoportuna, que no contribuye al clima, que como todos sabemos se está tensando».

«Nosotros hoy tenemos a un compañero grave en el CTI en Salto. No ayuda en nada las descalificaciones. Discutamos ideas, discutamos modelos, proyectos de país, pero tratemos de no calificar de una manera tan dura, porque las dos palaras, pacto y silencio nos agravia. El Frente Amplio ha estado siempre desde la concertación democrática, a la salida de la dictadura, contribuyendo en forma pacífica a la construcción de la democracia que por suerte hoy estamos disfrutando», sintetizó la senadora.

Además, recordó el episodio en que el Partido Nacional le negó a debatir durante la última campaña electoral a quien era candidata a la vicepresidencia, Beatriz Argimón.

Asimismo, dijo que «el Partido Nacional es un partido que sabe de pactos».

«Si nos remontamos al pasado, el famoso «pacto del Chinchulín» donde repartieron el Estado de tres y dos, para ingresar al Estado que tuvo al Partido Nacional como un actor fundamental», rememoró la senadora.

El «pacto del chinchulín» es un acuerdo denominado de esta forma por Luis Alberto de Herrera, luego de conocer que integrantes de su partido y batllistas en 1931 pactaron cargos de función pública (no sólo políticos) de forma proporcional a la que tuvieron en el Consejo de Administración. Herrera dijo que este acuerdo había sido «el pacto del chinchulín», en alusión a las achuras, las sobras que se reparten en un asado.

En tanto, la senadora Kechichián también recordó el «pacto de Anchorena» que también protagonizaron los blancos.

A propósito, la propia legisladora había abordado este tema con La Red 21, el 25 de noviembre de 2005. En aquel entonces, la nota detallaba lo expresado por quien era diputada de la 738:

«Esa reunión de Anchorena (residencia presidencial ubicada en el departamento de Colonia) de junio de 1985, que «muchos quieren olvidar», fue «con helicópteros, muy en secreto para que nadie se enterara». En ese encuentro participaron el teniente general Hugo Medina y los dirigentes Wilson Ferreira Aldunate, Carlos Julio Pereyra y Alberto Zumarán, además del presidente Sanguinetti. «De esa reunión el Uruguay nunca estuvo informado de lo conversado sobre esa peculiar tertulia cívico-militar, no hay un solo documentito sobre lo que se conversó allí», aseguró.

«Sobre Anchorena sólo hubo unas pobres declaraciones del doctor Alberto Zumarán, a quien recuerdo que estaba muy enfadado por la filtración de la reunión por parte de un diputado colorado, sosteniendo que sólo se había hablado de temas generales», dijo Kechichián.

Un mes después, el 16 de agosto, Ferreira Aldunate «reivindica esa reunión con los militares». Sobre el tema de los derechos humanos dice «que no ayudaba, sino que complicaba a la reconstrucción del país todo intento, según sus propias palabras, de actuar con fines de desquite, de venganza. Allí quedó claro que se abandonaban los deseos de justicia y de verdad y lo que vino después es bien conocido: la teoría de la gobernabilidad, que permitió que un año y medio después la ley de impunidad estuviera pronta y que posteriormente se votara con las manos levantadas de los parlamentarios blancos y colorados», añadió la diputada.