José Kechichián: ¿Cuál es la sociedad que se viene? Es especialmente necesario generar una ciudadanía instruida, pensante
14/04/2020
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Entrevistado en InterCambio el politólogo e investigador histórico José Kechichián, repasó diversos cambios políticos y culturales de relevancia desde la Antigüedad clásica hasta la Modernidad, para reflexionar en torno a las modificaciones sociales y políticas que parecen ir configurándose como primeras consecuencias visibles de la pandemia de Coronavirus.

Kechichián contextualizó el tema de la nota señalando que en el acontecer de la Humanidad, “las grandes conmociones llevaron” siempre tanto a “analizar” como a “revisar” los “conceptos” vigentes en cada momento.

Lo ejemplificó repasando algunos procesos a modo de mojones, como “el derrumbe de la Democracia en la antigua Grecia”, del cual emergieron figuras como “Platón y Aristóteles”, a partir de quienes nacerá “la idea de República”; más de medio milenio después y “con el avance del Cristianismo”, éste “implanta” la jerarquización por la cual “el cristiano se debe a Dios ante todo”, y al poder terrenal “sobre todo por conveniencia”; luego “fue necesario recorrer” varios “siglos para llegar” al concepto “de ciudadano” actual, que se desarrolla paulatinamente desde el siglo 14.

Ello tiene lugar fundamentalmente “en el norte de Italia, en las repúblicas renacentistas”, y pocos siglos después serán “el republicanismo inglés” y “la Revolución Norteamericana” los procesos en cuyo decurso irá delineándose “la idea de ciudadanía” vigente que nos legó la Modernidad.

En ese camino, fue un hito la idea de “contrato social”, si bien “la más destacada es la ́Teoría del Leviatán ́ de Hobbes”, a quien “le contesta John Locke” con la formulación del “pacto por consenso”, lo que conocemos hoy día como “el liberalismo”, ideología relacionada estrechamente a la primacía de la “propiedad privada”, ligada en origen a “el Estado en concepto liberal”, en el que “la libertad individual” civil se basa en “la propiedad privada” y ésta, a su vez, sustenta la estructura de “la actividad económica” como fuente de “La riqueza de las naciones” (Adam Smith).

“Luego viene Rousseau”, filósofo que “radicaliza la idea de la Democracia” y la amplía hacia los derechos, contraviniendo a la Ilustración con la idea de “el buen salvaje, un hombre bueno” en las antípodas del “lobo del hombre” hobessiano; el pensador francés denunciará que “la propiedad genera desigualdad” y con ésta, produce “atraso” en la sociedad, proponiendo como alternativa que “la soberanía va a radicar en el pueblo”.

En el movimiento de ese fermento que gesta la Modernidad, “las luchas del sufragio son intensas” y “violentas”, empujadas por “la Revolución Industrial” en el plano más material y por “el Socialismo y su crítica” a la emergente “sociedad capitalista” en el plano de la teoría de la lucha social.

Con el ́padre fundador ́ estadounidense James “Madison” adviene “la democracia representativa”, en tanto que “la Revolución Industrial abre paso a la lucha de las mujeres” con su acceso al mercado de trabajo; pocas décadas después, otro factor que abonará “las luchas sufragistas” será “la Primera Guerra Mundial”, contexto internacional en el que destaca “la particularidad nuestra” del Uruguay, ya que “inauguramos el siglo 20” haciendo que “la ciudadanía se abra paso de una manera muy original”; esto estuvo vinculado directamente a “lo que había sucedido en el siglo 19”, hacia cuyo último tercio “se debilitó lo que Real de Azúa llamó ́la constelación económico-social ́ del empresariado agro-ganadero, la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas, tríada que seguía “vigente en la región”.

Dado que “Uruguay tenía una implantación capitalista débil”, ocurrió que “esa debilidad oligárquica va a determinar una centralidad del Estado y de los partidos” políticos y con esto, la consolidación “de la ciudadanía” en un proceso complejo que a la postre “se va a zanjar con la creación de una ciudadanía muy amplia” mediante “la Constitución de 1919”, que establece “por primera vez en la historia un sufragio universal masculino”, subrayó.

En esa segunda mitad de la segunda década del siglo 20, “con Feliciano Viera hay un freno al impulso reformista del Batllismo”, pero en los años y décadas siguientes habrá “una ampliación formidable de la ciudadanía en nuestro país” junto a una expansión del Estado como agente económico; Kechichián reseñó los avances en derechos civiles y económicos de la sociedad local durante esas décadas, desde los seguros laborales y otros de diferente carácter hasta los derechos de género como el sufragio femenino.

Tras ese repaso histórico universal y nacional de hitos y transformaciones con las que cambió la vida de las sociedades y éstas no tuvieron otra alternativa que adaptarse y modificarse, el politólogo abordó algunos avatares de “esta conmoción” generada por la pandemia de Covid-19, “que va a exigir una gran movilización ciudadana”, que ya coloca “una situación muy desafiante y donde la ciencia todavía no tiene la última palabra”.

Situados en esta crisis que se abre en estos meses, “el gran problema es preguntarnos: si lo que se requiere es una gran movilización de la ciudadanía (…) ¿cómo lo resolvemos en una sociedad que va hacia un mayor aislamiento de los individuos?”. Esta interrogante se torna más crucial cuando se observa que “el mundo asiático muestra la eficacia” de unos sistemas de gobierno que no cumplen con los presupuestos “democráticos de nuestros regímenes” liberales, caracterizados éstos por “una gran valoración” de al menos determinados derechos democráticos.

“¿Cuál es la sociedad que se viene?”, añadió como inquietud reflexiva, al tornarse especialmente “necesario generar una ciudadanía instruida, pensante (…) que no sea meramente espectadora de la televisión y enjaulada en las redes”, marco en donde las personas son “consumidores de información, que no es conocimiento”; aludió a un pensador argentino que ya habla de “el dataísmo” como una suerte de concepción que parece ir rigiendo a sociedades basadas en y manejadas por el manejo de microdatos. “¿Seremos capaces de ser sujetos con autonomía?”, sumó como pregunta.

Después, el entrevistado incorporó otras reflexiones acerca de la situación que se abre y los desafíos y dilemas que ésta le presenta a las sociedades humanas, refiriendo esas reflexiones a diversos pensadores y escuelas. Uno de esos dilemas es el concebido por Isaiah Berlin entre “libertad negativa y libertad positiva”, que habilita a pensar en una “paradoja” desde la evidencia de que el individuo hijo de la Modernidad “no tiene límite” y de que “esto agota al individuo”, como conceptualiza el ensayista surcoreano “Byung-Chul Han” al plantear el concepto de “La sociedad del cansancio”.

“Adónde hemos ido a parar” con lo que “la Ilustración” dejó como herencia y todo lo que “el siglo 19 ha generado” a la Humanidad, emerge como otra reflexión necesaria y que puede rastrearse en advertencias realizadas hace un siglo y medio por el incisivo filósofo alemán Friedrich “Nietszche”.

Ya hacia mediados del siglo 20 reflexionaron y teorizaron sobre estos dilemas y encrucijadas los pensadores freudo-marxistas de “la Escuela de Frankfort” y “la sociología de posguerra”; entre ésta, el historiador polaco de raíces judías Zygmunt “Bauman” con su imagen de “La modernidad líquida”, y también la ensayista judeo-alemana “Hannah Arendt” con obras como ́La condición humana ́ y ́Los orígenes del totalitarismo ́; y aún más contemporáneo, el filósofo italiano “Giorgio Agamben” y la idea de que “estamos en un mundo donde lo que predomina es la sociedad del riesgo”.

“Qué ciudadano requiere” este mundo de creciente tele-relacionamiento y control masivo de los individuos, es otra pregunta a atender, añadió Kechichián, tal como resulta conveniente y necesario “evitar todo” lo que conduzca hacia “el nacionalismo”, la xenofobia, el racismo y la aporofobia, todo lo cual se observa en “esa Europa que muestra signos de decadencia”.