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Destino Rusia

Guardiola, el Cholo Simeone y el Frente Amplio
20/07/2020
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En estas semanas -hastíos de una pandemia- diversos canales cable han difundido los mejores partidos del Barcelona de Pep Guardiola. Ha sido un periodo maravilloso del fútbol, con una estética inigualable, acompañada de éxitos.

La obsesión por un planteo y la creatividad dentro de la planificación. Algo así: inflexibilidad estratégica (plan, objetivo) y flexibilidad táctica (improvisación creativa, adaptación al tempo del contrario para superarlo).

Vi varios partidos, pero retuve dos de ellos que provocan esta reflexión.

¿Por qué meto al Frente Amplio en esta historia?

Por lo siguiente y de ahí las analogías.

El Barcelona de Guardiola conquistó la centralidad comunicacional en aquel momento. Todos hablaban de él, todos los canales cubrían sus apariciones, se vendían camisetas y era una centralidad tan potente que se transformaba en excluyente: no había otra cosa.

La comparación que hago es la siguiente: la estrategia del gobierno del presidente Lacalle es potente, consigue la centralidad comunicacional sobre todo porque los gobiernos son mano en material de comunicación. Alcanza con un tuit de un jerarca de gobierno para que ocupe la agenda comunicacional. Súmenle una estrategia bien dirigida, y la conclusión es que la denominada “agencia de publicidad” del gobierno funciona muy bien.

Pongamos por caso, que el gobierno de Lacalle es el Barcelona y que por tanto hay que enfrentarle.

El clásico en el Bernabeu

Dicho eso, vayamos a aquel clásico entre el Real Madrid como locatario y el Barcelona de Guardiola.

Fue el 2 de mayo de 2009 y ese Clásico definía buena parte de la Liga Española porque quedaban apenas cinco fechas y para el Real Madrid, que se había colocado a cuatro puntos del Barcelona, líder del torneo, era la gran oportunidad de ponerse a tiro después de ganar siete partidos seguidos, y además llegaba justo después de caer eliminado en la Champions League por el Liverpool, con la necesidad de cambiar su imagen.

Ese día hubo goles y baile.

Una de las mejores noches de la historia del Barcelona

El Real Madrid llegaba muy motivado y lanzado al Clásico tras enlazar una más que increíble racha de 18 jornadas sin perder propiciada por la llegada como director técnico de Juande Ramos.

El partido comenzó con un tempranero tanto de Higuaín, pero no fue más que un espejismo ya que, inmediatamente después, un formidable aluvión del Barcelona en forma de fútbol y goles cayó sobre el conjunto blanco. Henry y Messi por partida doble, y Piqué y Puyol fueron los autores de los seis tantos azulgranas en el Santiago Bernabéu. Aquella victoria dejó al Barcelona a un paso del título de Liga en la primera temporada de Pep Guardiola en el banquillo del equipo catalán.

Seis a dos termino el partido.

Tanto fue el baile que al promediar el segundo tiempo, varios jugadores del Real Madrid comenzaron a matar a patadas a sus contrincantes. Matar a patadas es un decir, porque los jugadores barceloneses eran difíciles de agarrar incluso para darles una patada.

Al final fue expulsado el central Sergio Ramos, del Real, luego de una patada a Messi. Esas patadas y malhumor eran la expresión nítida de la impotencia. En el arco, Iker Casillas -golero del Real- gesticulaba con impotencia cada vez que iba a ir a buscar la pelota al fondo del arco. Protestaba ante sus compañeros, que como iban a dejar pasar a los jugadores del Barcelona.

Ese partido fue la impotencia frente a un Barcelona avasallante.

También vi un tremendo partido que terminó empatado entre ese Barcelona y el Atlético de Madrid. En Barcelona no estaba Guardiola pero seguía jugando de la misma manera; en el Atlético estaba Diego Simeone. Ese Atlético le encontró la vuelta al ballet catalán.

Lo ahogó en la salida, lo presionó hasta la obsesión en la mitad de la cancha y todos sus jugadores estaban convencidos de pelear hasta lo último.

Concentrados cada uno en su tarea. Cada uno vendiendo caro su metro de terreno de batalla. Hay una imagen maravillosa de Diego Godin diciéndole a un mediocampista compañero, de apretar abajo, con rigor, a un imparable Messi.

Quiero decir que el Atlético de Madrid pensó con inteligencia como enfrentarse a un equipo que ocupaba la centralidad del juego. Y esa inteligencia no excluyó nunca trancar hasta con la cabeza, ser prolijamente riguroso con el contrario en toda la cancha y llegar al arco contrario con sus mejores armas.

Santiago Díaz es el comentarista de futbol de M24 junto al relator Tincho Rodríguez, cuyas trasmisiones comienzan el 8 de agosto.

Santi es un admirador del Cholo Simeone. Así explica el juego del Atlético de Madrid.

Y ahora escuchemos al himno que conmociona a los hinchas colchoneros, que así se le llama a la barra del Atlético de Madrid.

Siguiendo con el mapa sonoro del Atlético de Madrid me interesa esta definición de Joaquin Sabina -hincha del Atlético- de porque es hincha de ese club madrileño.

La batalla comunicacional

De ambos partidos, me surgen algunas reflexiones en materia de comunicación política.

En ambos casos uno de los aspectos centrales es la fe, la confianza. Fe y confianza en la tarea, en el discurso y en la ejecución práctica.

El asunto es quien se apodera de la centralidad informativa. Eso es lo que está en disputa.

Y uno de los focos de la ofensiva futbolística, militar o política es horadar y desalentar al contrario (Guardiola frente al Real Madrid); se fortalecen las tropas amigas, se blinda anímicamente al grupo y se desarma anímicamente al contrario. Como en una guerra: soldados desalentados, sin fuerzas ni convicciones, sin ordenes ni confianza, van derecho a la derrota.

O sea: Guardiola y el Cholo Simeone -con estilos diferentes- definieron y convencieron; trasmitieron fe y confianza.

Lo interesante de ambos es que convencieron a sus jugadores y conquistaron opinión publica desde sus acciones en la cancha. Se construyó opinión pública desde el juego y las plataformas; se conquistó gente desde las acciones en territorio (camisetas de Messi hasta en Siria). Se convenció. Los que perdieron no salieron a quejarse. Un ejemplo: José Mourinho, que perdió 5 a 0 con aquel Barcelona, no se refugió en los vestuarios a llorar… Ni salió a los medios a criticar sus dirigidos. En todo caso -hay algún libro sobre eso- Mourinho los puteo en los vestuarios y quedó allí.

Conclusiones

Ante lo expuesto, me animo a sacar dos conclusiones, aunque asumo que pueda haber otras, complementarias u opuestas a las que diré.

La primera opción: que el Frente Amplio sea como el Madrid cuando se enfrentó una vez y otra a la triunfante Barcelona guiada por Guardiola y protagonizada por Messi, Iniesta, Xavi y Pujol, entre otros.

Ese Madrid fue el de las patadas y puteadas, del malhumor, de la incompetencia para enfrentar a Barcelona; un Madrid, como queda dicho al hablar de su golero, Iker Casillas, que responsabilizaba públicamente a sus compañeros de equipo en vez de definir responsabilidades en la intimidad del vestuario.

Fue un Madrid impotente, con un solo artilugio para detener a aquel Barcelona: la patada y el insulto. Ese es un camino.

La segunda opción o camino es el Atlético de Madrid del Cholo Simeone. Con menos plata de los monárquicos del Madrid, construyó mística, elaboró en silencio una estrategia de equipo, en donde cada uno cumplía una función muy clara en función del equipo y en donde nunca hubo un reproche público al compañero que era sobrepasado por el Barcelona.

Esta segunda opción -contada incluso por Santi Diaz- es un equipo ordenado, firme en la defensa -trancando con los dientes si cuadra- transiciones rápidas, con opciones para la pausa y ataque contundente con las mejores armas que se posean. Nunca dar una pelota por perdida; solidarios en el esfuerzo, comprometidos con el equipo, unidos.

Trancar con la cabeza si es necesario, como lo hizo el zaguero uruguayo Josema Gimenez que juega en el Atlético de Madrid, o como lo hizo en el 50, Matías González, para evitar un gol brasilero.

El Cholo Simeone ha sido el arquitecto de todo eso. Un equipo que ha ganado y ha perdido. Un equipo, al decir del maestro Tabárez sobre la selección uruguaya, que sabe sufrir y que, de ese sufrimiento, saca las mejores enseñanzas. Un equipo que vuelve a insistir, porque sabe que ese es el camino.

El partido dura 90 minutos, el campeonato dura un montón de partidos, un período de gobierno dura 5 años.

Parece claro que no podés gastar todas tus energías en el primer tiempo. Después te quedas sin aire y marchas al espiedo.

En todo caso hay que tener claro lo siguiente: inflexibilidad estratégica (plan, objetivo) y flexibilidad táctica (improvisación creativa, adaptación al tempo del contrario para superarlo, definir la pausa, levantar la cabeza).

Todo lo dicho no sirve para nada si se lo compara con esta canción del Choncho Lazaroff. En esta canción está la estrategia y la táctica.

Linng Cardozo.
20 de julio de 2020.