Google, Apple, Tesla ¿tecnología de punta o la punta de un iceberg de explotación infantil?
16/01/2020
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El derrumbe de una mina de cobalto que causó la muerte a varios niños en la República Democrática del Congo (RDC) llegó a los estrados judiciales de Estados Unidos. Una demanda iniciada por 14 familias de las víctimas, que también incluye heridos y mutilados, denuncia Google, Apple, Tesla, Dell y Microsoft.

La acción penal fue iniciada por International Rights Advocates y describe la explotación infantil y las miserables condiciones en las que trabajan para extraer este mineral clave para la industria tecnológica, por salarios de entre 2 y 3 dólares por día.

El cobalto potencia las cualidades del litio y así cada una de estas compañías consigue que las baterías que llevan sus autos, celulares o computadoras duren mucho más tiempo. Según el texto, estas firmas se abastecen mediante la compra del mineral a empresas locales de características artesanales.

La demanda, que no tiene precedentes, reclama una compensación para las familias de los fallecidos y heridos, y una indemnización por enriquecimiento ilícito, supervisión negligente y daños emocionales intencionales.

Se alega en este sentido que las cinco gigantes tecnológicas tenían «conocimiento secreto» de que el cobalto utilizado era producto del trabajo infantil forzado en condiciones de peligro extremo.

Victoria Braquehais es una misionera española perteneciente a la organización católica Manos Unidas (https://www.manosunidas.org/). Hasta finales de 2019 su destino fue la RDC. Desde entonces se encuentra en el cercano Camerún, desarrollando el mismo tipo de proyectos.

«Nos dedicamos al desarrollo de los niños y de los jóvenes en todos los países. En estas zonas del Congo y Camerún tenemos una misión muy bonita, porque como decía Mandela ‘la educación es la mejor arma para combatir la pobreza'», explicó.

El impacto de la noticia

«El cobalto es uno de los focos más grandes en la provincia de Congo en la que he estado 10 años. Me impresionó la noticia porque por un lado me alegré. Y pensé ‘bueno, va habiendo una movilización de cara a la denuncia’. Y por otro lado es impactante porque los mismos padres que denuncian han enviado o dejado a sus hijos ir a trabajar», indicó.

Braquehais advierte y reconoce que «esto leído desde el exterior puede sonar muy extraño incluso como un aprovechamiento. Pero claro, están empujados a ello». Y cuenta que donde ella estaba afincada la gente vive «con un dólar al día para una familia entera, entonces no les queda otra».

Obligados por esta realidad «muchos niños, jóvenes y adultos mueren porque las minas artesanales no tiene protección y se producen desprendimientos de tierra. Tampoco se pueden defender porque son trabajadores que están sin asegurar», agregó.

La representante de Manos Unidas relató que participó de un proyecto de investigación sobre el sector extractivo. En este sentido concluyó que «la minería es el problema más grande que tiene el país porque es la fuente de riqueza principal. El proyecto se basaba en el espacio que hay entre la minería artesanal y la minería industrial, no existe un sector intermedio».

Y describió la situación: «Las grandes empresas» se abastecen de la materia prima comprando «a la minería artesanal, cuyos mineros ni tienen aparatos de medición para saber la cantidad que hay en los sacos. Entonces trabajan muchísimo en condiciones muy peligrosas y lo venden a muy poco valor».

Además resaltó que por las características de las minas y los túneles que se van haciendo los cuerpos de los niños se ajustan mejor que los de los adultos. «Descienden desnudos, drogados a 70, 80 metros bajo tierra pero luego no pueden defender sus derechos», lamentó la entrevistada.

«Hay extracciones que tienen el certificado color verde, que dice que en teoría no hay niños trabajando. Pero en realidad si lo hacen porque no hay mecanismos de control de la certificación de mineras que luego se venden para la telefonía, para las joyas, para lo que sea. La cadena de certificación se rompe y se rompe en el principio», afirmó.

Historias cruzadas

«Nosotros hemos perdido alumnos que se han ido a trabajar» a las minas, dice Braquehais, mientras otros nunca estudiaron. «En nuestra subdivisión de muchachas, nueve de cada 10 niñas no han pisado nunca la escuela», añadió, para luego resaltar que «es una realidad que está cambiando mucho».

Sin embargo sigue siendo una verdad que duele y golpea a diario porque además del trabajo infantil hay otras situaciones asociadas: «Es una realidad tremenda y luego todo lo que no se ve, porque en la búsqueda de trabajo fácil y rápido que en nuestra zona sobre todo es la minería, conlleva unos índices de prostitución infantil impresionantes», afirmó.

Braquehais aportó datos concretos sobre el trabajo de Manos Unidas en Congo y compartió algunos de sus resultados. «Donde yo he estado los últimos 10 años hemos impulsado la construcción de una escuela primaria y una secundaria lo que hace que ahora se eduquen en el poblado más de mil niños por año», contó.

Además de las razones obvias que para cualquier niño y niña implica ir a la escuela, la misionera en África destacó que «la escuela permite sensibilizar a los alumnos en el reconocimiento de sus propios derechos para que cuando sean adultos puedan tener una participación democrática mayor e incidir en la defensa de lo que es suyo y les pertenece».

En este sentido reflexionó acerca del rol que cada uno puede hacer para combatir esta realidad como usuarios habituales de todas estas tecnologías. «A mi también me impresiona que cuando hablamos de la telefonía móvil las mismas personas la estamos usando», señaló.

«No se puede parar toda a producción pero lo que sí podemos hacer es que en vez de cambiar de móvil a cada momento, hacerlo cuando realmente lo necesito o estar dispuesto a pagar un precio mayor», finalizó.