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El Viaje

El lawfare fue una operación de enchastre articulada regionalmente contra el progresismo que también tuvo su capítulo en Uruguay
17/03/2021
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“¿Qué fue de la vida de la auditorías?”, analizó en El Menú del Día el columnista Álvaro Padrón sobre las prometidas investigaciones de supuesta corrupción durante los 15 años del Frente Amplio que el actual gobierno había anunciado a voz en cuello y con estridente amplificación mediática.

Padrón ve “muy claro que hay una relación” entre aquellas acusaciones y anuncios de ́auditorías extraordinarias ́ y otros “procesos que se han dado a escala regional. Claramente es una operación que tuvo como objetivo desplazar de los gobiernos a sectores progresistas y de izquierda que habían asumido democráticamente a inicios de los años 2000, cuando comienza lo que se terminó llamando ́la década progresista en América Latina ́”, anotó.

En esa dirección, “si uno busca elementos de conexión, la estrategia fue asociar a estos sectores con la corrupción. Es decir, se eligió la corrupción, en algunos casos con datos reales, y después inflando todo esto como un gran globo, y hubo todo tipo de intentos: en algunos casos destituciones, en otros cuestionar e impedir sus candidaturas o incluso generar juicios y que terminaran en prisión. Todo esto terminó ocurriendo”, recordó el analista.

“El nombre de esta técnica por el lado anglosajón se llama lawfare, que es persecución judicial. Tiene antecedentes en Italia en un proceso que se llamó ́manos limpias ́” (mani pulite), mientras que “en nuestros países (…) se utilizó más” el concepto de “judicialización de la política, o politización de la justicia”, algo que “parece un juego de palabras pero es bien claro”.

“En Argentina nos cansamos de ver casos. Probablemente Cristina Fernández debe ser la persona que ha tenido más que ver con estas situaciones y el objetivo más claro que se tomó en la región para este tipo de estrategia. Pero también pasó en Bolivia, en Chile, en Ecuador”, apuntó.

“Brasil es un caso paradigmático, porque tuvo por un lado la destitución de Dilma Rousseff, una presidenta electa que fue acusada, nunca terminó probándosele ningún caso y sin embargo fue destituida; el encarcelamiento de Lula, que ahora termina por laudarse y sobre todo el papel del juez Moro, donde queda muy claro esto de los cruces entre distintos niveles”. Moro “pasó de ser miembro del Poder Judicial como juez y un elemento central de todo el proceso Lava Jato” a ser “ministro del Poder Ejecutivo, es decir pasó del Poder Judicial al Poder Ejecutivo, y finalmente pretende ser candidato a presidente, o sea estar en la política. Es como una puerta giratoria, en donde entra y nunca termina de salir”, graficó el mecanismo.

Entonces “estoy convencido de que este fue un proceso articulado regionalmente, que hubo una coordinación sin duda” y también “tuvo su capítulo en Uruguay”, aunque “con bastante menos base y mucho menos impacto, pero no dejó de ser el capítulo uruguayo de esta especie de operación de enchastre que claramente ha tenido una escala regional”.



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