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El Viaje

El Honor Militar o como jugar a las escondidas
07/09/2020
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Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS.

Por: Linng Cardozo.

Honor: “Cualidad moral que impulsa a una
persona a actuar rectamente, cumpliendo
su deber y de acuerdo con la moral.”

Honor militar: Es un valor esencial para el militar porque actúa
como guía de su conducta y como motor que le impulsa a obrar
siempre bien en el cumplimiento del deber. Implica la coherencia
entre lo que se debe hacer y lo que se hace.
Se reconoce, por tanto, en las obras, más que en las palabras.

Parece claro que la palabra “honor” tiene múltiples dimensiones y que la misma, a su vez, adquiere determinados significados según las circunstancias históricas. Por otro lado -y esto no es menor- el “honor” tiene un alcance en la esfera civil y otro en la castrense. En ambos casos, los límites son difusos porque responden a usos, costumbres, lógicas culturales, etc. (Vaya un mínimo ejemplo: en Japón el honor tiene un alcance que en Uruguay no posee).

En tiempos de guerra, el “honor” entre militares tiene una definición vinculado con la heroicidad, con el valor y la actitud demostrada en el campo de batalla.

Para los militares uruguayos -más preparados para dirigir batallones de soldados que pintan con cal los árboles y cortan el pasto prolijamente- el “honor” está vinculado incluso con lo delictual. Parece ubicado por arriba de la Justicia y de la propia Constitución. (Si hay un colectivo que funciona corporativamente, háblame de las Fuerzas Armadas…)

La educación militar promueve el culto a la Patria -les dejo abierta esta ventana para ver qué es efectivamente “Patria”-, la lealtad, el valor, el desinterés, el sacrificio y el honor. Estas son definiciones que están en los documentos militares y en los propios reglamentos y documentos las Escuelas Militares de las Fuerzas Armadas. O sea: está en la génesis, en el ADN de los soldados.

Pero, como queda dicho, esas palabras tienen dimensiones distintas según los momentos históricos.

En estos colectivos cerrados y verticales -podría decirse sin rubor que son intrínsecamente autoritarios- cada una de esas palabras tiene tanta elasticidad como quien desee aplicar esos conceptos.

Sin que sea un golpe bajo: ¿cómo se mide el “sacrificio” y el “valor” cuando violas a una detenida o le pegas un tiro en la nuca a un preso? ¿Qué palabras aplicar y cual su alcance cuando robas bebés, dinero o propiedades? ¿Dónde calza el “honor”, el “desinterés” y el servicio a la “Patria”? Eso ocurrió en dictadura.

Ahora bien, en tiempos de paz esas palabras siguen siendo elásticas y hay un conjunto de actitudes que violan -permítanme la expresión- cada uno de esos conceptos.

La divulgación de las actas del Tribunal de Honor al coronel Gilberto Vázquez -más allá del olor a operación política entre el Ejército y el gobierno- deja al descubierto que todos los “valores” que el Ejército dice promover, están en franco jaque.

Formalmente, el Tribunal de Honor fue instalado por la fuga de Vázquez y haber faltado a la palabra de que no iba a huir tras ser detenido. (Vázquez dice que no prometió no huir, sino no hablar con la prensa. Su “honor” no estaría en juego según él, pero si para los generales que lo juzgaron). Vázquez aprovecha el tema para el cual fue convocado, para dejar al descubierto varias cosas:

  1. torturó y mató;
  2. operó en Argentina;
  3. trasladó presos desde Buenos Aires a Uruguay;
  4. no robó pero dice que Gavazzo si, para poner una agencia de Riogas;
  5. involucra a todo el Ejército en las operaciones;
  6. menciona las negociaciones con el Poder Ejecutivo.

Los generales actuantes solo se limitan a pedirle explicaciones sobre su huida. Todo lo demás -que viola los valores que el Ejército promueve- no son de recibo, ni siquiera los mueve a instalar otros Tribunales de Honor en virtud de la gravedad de lo dicho por Vázquez.

Esta suerte de omisión, no es otra cosa que hacerse el distraído. Ocultar.

Una cosa son las actas -de por si graves desde varios puntos de vista- y otra cosa interesante es la carta manuscrita del coronel Vázquez entregada al mismo tribunal luego de su comparecencia en el mismo.

Al final de esa carta de puño y letra, Gilberto Vázquez dice textualmente: “en cuanto a los delitos que pueda haber cometido creo que debería ser juzgado por la Justicia Militar (…) debo destacar que he ejecutado numerosas personas, secuestrado y apremiado en varios países recibiendo por ello felicitaciones de los altos mandos del Ejército durante el proceso y en democracia hasta el año pasado inclusive.” Habla del 2005.

Para el Ejército eso no es grave. Para el Ejército y su lugarteniente en el Parlamento, Guido Manini, esos hechos no son violatorios de normas y valores.

Los Tribunales de Honor y el Honor mismo son como un chicle Bubbaloo, se estira, se infla y hay momentos que explota.

Y cuando explota, como ahora, no solo deja al desnudo operaciones y testimonios, sino una cosa más grave: queda expresado en documentos militares que hubo operaciones en el extranjero, vuelos clandestinos, torturas, asesinatos y robos. Eso ahora es un documento militar. Los historiadores, por primera vez tienen un documento oficial público, que no fue cuestionado por los tres generales del Tribunal de Honor.

Es más: pusieron su rúbrica allí abajo; suscriben, validan y legitiman.

Veamos algunos aspectos del texto que regulaban los tribunales de Honor en ese momento. Aclaro esto porque a partir de la nueva ley orgánica de las FFAA aprobada el año pasado, no existen más los Tribunales de Honor. Por tanto, voy a leer textos que aplicaban en aquel momento y ahora no existe ese marco.

Concepto del honor.

Artículo 1º. El honor es la cualidad moral que nos lleva al más severo cumplimiento de nuestros deberes respecto al prójimo y a nosotros mismos. Es la virtud militar por excelencia, es una religión, la religión del deber, que señala en forma imperativa el comportamiento que corresponde frente a cada circunstancia.

Art. 3º. El criterio con que se juzgue, considerará la realidad, pero, deberá tener en cuenta, especialmente, que las Fuerzas Armadas son una institución de excepción diferenciada de la sociedad civil, a la que está confiada la custodia de los bienes espirituales y materiales de la Nación y que, en consecuencia, cada Oficial está obligado a ser un ejemplo de conducta. (Hice una consulta sobre esta definición. La Constitución de la República no avala esto. Es más, se me dijo que transgrede el artículo 8 de la misma. Dice así: “Todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes.”).

Art. 16. Informar a la autoridad competente de los peligros que presienta, o sospeche para la seguridad de la Nación.

Art. 28. La respetabilidad de su función social, exige que el militar constituya digna y legalmente su familia. La esposa del militar debe pertenecer al mismo medio social y a una familia que no le desmerezca ante el Cuerpo de Oficiales.

Art. 35. Los Tribunales de Honor se limitarán a juzgar solamente, el aspecto moral de las cuestiones que se les sometan, en las que actuarán como jueces de hecho (…).

Art. 77. Cuando el Tribunal de Honor intervenga en cualquier asunto en el que exista la presunción de un delito, común o militar, su presidente comunicará de inmediato al Superior que corresponda suspendiendo las actuaciones del Tribunal, hasta tanto el Superior se pronuncie.

Art. 78. Todas las actuaciones de un Tribunal de Honor, tendrán carácter reservado y las comunicaciones telegráficas sobre fallos de los Tribunales de Honor serán siempre cifradas.”

Lo dejo para el final. En el apartado NORMAS PARA EL EJERCICIO DE LA ACTIVIDAD MILITAR se lee art. 16º. “Informar a la autoridad competente de los peligros que presienta o sospeche para la seguridad de la Nación.” Pregunto: ¿el comandante en jefe del Ejército de la época informó a su superior, al presidente de la República, que había gente que pensaba asesinarlo, como lo dijo el coronel Vázquez? ¿O eso, como estaba fuera de tema -huida de Vázquez- no fue tenido en cuenta?

Queda claro como es el universo militar, con lo cual es complejo medir y calibrar conductas militares con ojos civiles.

Sin embargo, permítaseme hacer el ejercicio de medir las conductas con criterios militares, porque en el pasado -en los 60 y 70- hubo militares que entendieron que torturar era un deshonor. Así que apliquemos esos criterios.

Pregunto entonces: ¿haber asesinado con un tiro en la cabeza a Eduardo Bleier y Julio Castro no viola el “honor”? ¿Haberse quedado en propiedad con el apartamento de Elena Quinteros no viola el concepto ubicado en la palabra “desinterés”, expresamente escrita en los reglamentos del Tribunal de Honor?

Sigo con las preguntas. ¿En épocas democráticas, para el Ejército no fue grave para la defensa de la Nación y la democracia que hayan definido -como lo cuenta Vázquez- cometer asesinatos a importantes dirigentes político e incluso al presidente Tabaré Vázquez?

Recuerden ustedes como actuó el Ejército en el caso Berrios. El Ejército se deglutió a la Justicia, al Parlamento y al propio presidente Luis Alberto Lacalle. Se pasó por arriba a los tres poderes.

¿No les llama la atención que hayan ido presos en Chile Radaelli y otros y no juzgados acá? ¿No llama la atención?

La decencia del lugarteniente.

Vuelvo a Manini. Manini no tuvo honor cuando leía discursos sin haber sido autorizados por el ministro de Defensa; no tuvo ni honor ni decencia cuando mandó que en la Expo Rural la banda militar cantara la Marcha Tres Árboles.

Sigamos con las cuestiones de honor. Manini no tuvo honor para admitir que había ordenado eso. No tuvo decencia ni desinterés cuando pidió encuestas a costo del Ejército para ver cómo estaba posicionado; no tuvo honor cuando ocultó por un año las actas de Gavazzo; no tuvo honor cuando presionó a la Justicia siendo jefe del Ejército y Senador; no tiene decencia para admitir el mal uso cuando no indebido de los dineros del Ejército para construir casas en terrenos de oficiales; no tuvo decencia para asumir, una vez por todas, que su Ejército era el responsable de haber ejecutado a Bleier y Castro, entre otros.

¿Dónde estaban el “honor”, la “decencia” y la “rectitud” cuando la ministra Azucena Berrutti debió instalar una contabilidad paralela, con gente de su confianza, porque los militares del ministerio se la estaban fumando en pipa?

¿Ahora, justo ahora, piden clemencia?

Tal vez alguien pensó que Manini era quien podía zurcir la herida en la sociedad uruguaya desde el segmento militar. Como el general Balza en Argentina. Pero Manini prefirió otra cosa: obedecer su sangre.

Quiero finalizar con una anécdota.

Cuando era feliz e indocumentado, hace muchos años, solía comprar libros a un librero que llegaba al estudio de ingeniería en donde trabajaba. El estudio se detenía. El librero abría su enorme bolso y sacaba sus libros. Claro: conocía la clientela y a cada uno un libro recién editado.

Ese librero de suelas gastadas era el esposo de la doctora Azucena Berrutti, Coco González.

Ese librero fue el chofer de Berrutti cuando fue ministra. Berruti, además había ordenado que todos los autos del ministerio se quedaran en el garage de noche y que los choferes no se los llevaran para sus casas.

Finalmente: en la publicación “En voz Alta” (en Internet, que pertenece a los núcleos nostalgiosos militares), se publica la nómina de oficiales, que, por haberse opuesto al cuartelazo, fueron llevados al generalato por el gobierno del Frente Amplio. Pues bien, los golpistas reivindican los tribunales de honor de la dictadura, escrito en 1974, y se agraviaron de la decisión del Poder Ejecutivo. Y llamaron de traidores a los reparados.

En su página de Facebook leí esto: Si no salen los militares a la calle todo será igual o peor con la inseguridad.

Otro dato: en plena democracia, Gavazzo falsificó dólares con las mismas matrices que lo había hecho en dictadura cuando la persecución del PVP. La imprenta estaba en la calle Estomba. Un subcomisario de la policía era su cómplice y los agarraron en Piriápolis cuando quisieron cambiar U$S100.- Incluso hubo tiroteo. Este subcomisario era vecino de la fuente que me lo contó.

Vecino tres casas por medio. Cuando vinieron a allanarlo se oían las corridas en la azotea de esta fuente, porque vinieron a dejar los bolsones de dólares truchos. A la madrugada volvieron a buscarlos. Al subcomisario, le dieron de baja, pero le ofrecieron un puesto a su hijo, cosa que no pudo ser porque tenía antecedentes como narcotraficante. Entonces el puesto se lo dieron a la nuera. Así se manejaba en Ministerio del Interior en tiempos de Sanguinetti. Gavazzo fue preso, pero nadie en el Ejército se dio por aludido que con su conducta hería el Honor Militar.

Materiales consultados.
Ley Organica Militar-Vigente.

Ley de Tribunales de Honor. Derogada en 2019.

Contralmirante Oscar Lebel. Análisis de la norma derogada en 2019.