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Diferencia de precios de vegetales puede ser hasta de 10 a 1 entre lo que paga el consumidor y lo que recibe el productor
05/04/2021
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Las grandes superficies comerciales y cadenas de supermercados imponen a los proveedores de alimentos frescos unas condiciones de entrega y de pago tan duras, que “dejan fuera de la jugada” a los productores chicos y familiares, quedando “las ferias” vecinales como espacio de mercado que “achica la distancia entre cosecha y consumo”, señaló el vicepresidente de la Comisión Nacional de Fomento Rural, Mario Buzzalino, en INFO24.

Buzzalino explicó que “la comercialización de frutas y hortalizas es muy dinámica y ha tenido una transformación muy importante en los últimos años con la presencia de actores diferentes” como las grandes cadenas.

Así, “el consumidor uruguayo se acostumbró a tener durante todo el año, independientemente de la estación, todos los productos”, desde “los verdes como tomates, morrones, chaucha, berenjena, zapallito” hasta otros en que “el concepto de estacionalidad es determinante” y para que “esos productos estén todo el año” accesibles a los consumidores, “el sector productivo tuvo que hacer inversiones muy importantes, aprender mucho, trabajar mucho”.

Pero como “las grandes superficies también necesitan esa producción todo el año, eso naturalmente deja a los productores, sobre todo a los familiares, fuera de la jugada porque el gran supermercado requiere la continuidad de la entrega y la calidad permanente”, mientras “el productor familiar que produce con zafralidad no está capacitado” y “queda fuera de esa jugada”.

“Por lo tanto, los productores directamente cada vez participan menos de ese sistema de comercialización, porque además el supermercado, si bien toma como referencia los precios del Mercado Modelo, también paga muy a largo plazo, fija las condiciones permanentemente de forma arbitraria, o sea ́participás del negocio como yo te lo impongo o simplemente quedás afuera ́. Pueden ser 30, 60, 90 días y eso para un productor que vive el día a día es inalcanzable. Por eso el productor familiar busca vender al contado o lo más cercano posible, porque los requerimientos de su familia y de su empresa así lo determinan, porque nosotros también tenemos que pagar al contado el combustible, la energía eléctrica” y otros servicios e insumos.

En cuanto a “los precios, si bien se toma como referencia al Mercado Modelo, la excelencia de la producción que compra el supermercado muchas veces es de mayor calidad que la mayoría de lo que va al Mercado Modelo, entonces el supermercado eso tampoco lo paga, es una cantidad de exigencias que no se reflejan en los precios. Y esos abastecedores de las grandes superficies, hoy se transformaron en empresas de abastecimiento” conformadas en algunos casos por “productores muy grandes”, en otros por “grupos de productores que se han organizado” y en otros, por “empresas que compran a productores y se dedican a abastecer el mercado”, describió.

De ahí que “cuando vemos reflejados los precios en las góndolas de los supermercados, decimos ́el sector productivo se está llenando de plata ́, y eso es una enorme mentira porque la diferencia de precios, generalmente, puede ir hasta de 10 a 1, lo que recibe el productor con lo que paga el consumidor. Y eso es una tremenda inequidad para los dos sectores: desde el punto de vista productivo porque desestimula el consumo, y desde el punto de vista del consumidor no quiero decir estafa, pero es bastante grosero, difícil de explicar que alguien esté pagando 10 veces más lo que vale ese producto en el mercado”, razonó Buzzalino sobre tal apropiación.

Este sistema de distribución y comercialización a gran escala de alimentos originalmente frescos, también modifica características y condiciones básicas inherentes al producto de la tierra. A la inversa, potencia un tipo de producción que jerarquiza la estética por demanda de determinado público y la conservación por conveniencia de los supermercados y superficies.

Es así que persiste la importancia de “las ferias” y aunque los productores “cada vez menos participan de las ferias”, en donde proliferan “empresas feriantes, es donde se achica la distancia entre cosecha y consumo. Es lo que habría que estimular en los consumidores”. Otro punto “absolutamente importante” deriva de que “en Uruguay el sector productivo convencional ha avanzado muchísimo en la inocuidad de los productos que genera, entonces hay una cantidad de garantías que da cuando se consume productos nacionales, que no las tenés cuando consumís productos importados. Los estándares de calidad en cuanto a inocuidad, los de acá los podés garantizar y si hubiera un problema encontrás el responsable inmediatamente, lo importado no”. “La producción nacional da garantías que lo importado no da” en materia de calidad y seguridad alimentaria.



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