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InterCambio

Dialogamos con el historiador Gabriel Bucheli de su obra sobre la Juventud Uruguaya de Pie
15/10/1919
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Entrevistado en InterCambio el historiador Gabriel Bucheli, habló del contenido de su reciente libro ´O se está con la patria o se está contra ella. Una historia de la Juventud Uruguaya de Pie´ (JUP).

Bucheli contó que hubo “una razón muy personal” para encarar el tema como objeto de investigación y producción historiográfica. “Crecí en época de dictadura” y en la posdictadura el nombre de la JUP aparecía como “un fantasma”, era “algo oscuro”, en buena medida debido a la casi total inexistencia de producción historiográfica sobre la derecha en general, más allá de lo militar como tema puntual de análisis y estudio.

Caracterizó a la JUP como una expresión de “derecha social”, un “movimiento social” de jóvenes y sectores “alarmados” ante el crecimiento de la izquierda que “se organizan” para contrarrestarla. En el marco de una “crisis nacional” esbozada desde los últimos años ´50, los años siguientes fueron de “muchas transformaciones en el campo político y social”.

“En el ´66” cristaliza “la CNT”, en “el ´68” irrumpe la rebelión “estudiantil”, entre el “´66, ´67” se consolida “el MLN” como “desafío armado al Estado”, en “el ´71” se produce “el nacimiento del Frente Amplio”, todo lo cual activa “una alarma” en sectores sociales y económicos que se perciben amenazados por ese ascenso de la izquierda y generan una “reacción conservadora” de la que emerge la JUP, describió.

“Ante un momento de crisis irrumpe” esa reacción frente “a lo que percibe como una amenaza” y esto alcanza a “la economía” dominante, “los poderosos” y los “intereses de las clases altas”, inquietud y reacción a la que no escapan el “campo moral” y “religioso”. El entrevistado apuntó que “en Uruguay los fenómenos políticos están atravesados” históricamente por una composición y expresión “policlasista” en la izquierda y en la derecha.

“Lo que yo descubro” en la investigación, la “novedad” que el autor destaca como aporte de esta obra, es que “la JUP eran más que esas bandas de activistas” de derecha neta “que en los liceos querían interrumpir” las tendencias y movilizaciones “izquierdizantes”.

Los núcleos que la conformaban “hacían actos permanentes con los carteles y las banderas” y la organización como tal “se cuida mucho en su tiempo histórico” de quedar asociada a “crímenes” y violencias derechistas crecientes.

La JUP y sus entornos también realizaron una “apuesta al marco juvenil” en un momento en el que “la revuelta estudiantil del ´68 sorprende a los partidos tradicionales de la izquierda”, el “Comunista” y el “Socialista”. Su objetivo central fue “contravenir ese avance de la izquierda”, especialmente “en el interior” del país, donde nace la organización, “y en Secundaria”, su principal ámbito social de actuación. Sus núcleos integrantes “se llamaban ´agrupaciones demócratas´” y su activismo se dirigía “a disputar ese espacio” abierto de incidencia en torno a la movilización estudiantil.

La JUP, sus entornos y sectores sociales de surgimiento y apoyo se preocupaban ya entonces por cosas y conceptos como “las drogas, “la homosexualidad”, “la música estridente” y a todo esto contraponían “discursos de valores tradicionales”, rasgo que “es muy fuerte”. Aquellos temas tabú ya los relacionaban al “comunismo” en un sentido muy amplio, y el movimiento se identificaba con “los valores católicos” más ortodoxos, en “disputa dentro de la Iglesia Católica”, en la que crecían otras visiones.

“El tono ruralista es clave” en la JUP, en su concepción nacional “el país es el interior” y organizaban “caravanas gauchescas” para rodear “sus actos”. “La mujer de (Benito) Nardone es artífice también de la JUP” y su compromiso se refleja en que “les pone al servicio la Radio Rural”. También “el propio (Juan María) Bordaberry”, quien “era ´rabanito´” en términos partidarios, “es un referentes para ellos”, anotó el historiador.

Su identificación era con los partidos tradicionales, pero dentro de éstos se diferenciaban taxativamente de “Wilson” (Ferreira), de “Jorge Batlle” y en menor medida “de (Julio María) Sanguinetti”. Esto último por “la reforma educativa” del entonces ministro de Educación y Cultura, a la que valoraban demasiado tibia como instrumento anticomunista. A Wilson lo definían como “un marxista infiltrado” y su rechazo a él produjo “escenas de desencuentro y hasta violencia con el movimiento wilsonista”. De hecho, llegaron a atacar a balazos al líder nacionalista, errando el objetivo.

Bucheli trazó un hilo de continuidad nítido con la reacción conservadora al primer batllismo y recordó que en las clases sociales subalternas y vendedoras de fuerza de trabajo uruguayas, hubo siempre una corriente natural de identificación y pertenencia con la derecha dura cimentada ideológicamente en concepciones rígidas de la tradición y la religión.

Durante su gestación y protagonismo, “la JUP es un catalizador” de visiones y corrientes sociales en movimiento y “Hugo Manini es el organizador” capaz de aglutinar, dar forma y vehiculizar ese caudal. En aquel entonces “están” dadas “las condiciones propicias” para encauzar “a ese mar” de sentimientos y movimientos “políticos”, reflexionó Bucheli.

Evocó que la JUP “después se autodisuelve”, en 1974, y esto abre “un vacío posterior” que con el tiempo se convierte “en desmemoria”. El autor recogió tres versiones como explicación a esa disolución: que el general Esteban “Cristi los convoca” para agradecerles lo hecho y cerrar el asunto; que “los militares no querían activismos” ni “actuación” ciudadana y social; y que “el programa” que le dio origen “estaba cumplido”.

A partir de entonces hubo “gente” de la JUP que “va a integrarse a las Fuerzas Armadas” y en áreas de “la órbita pública” como “la Enseñanza”. Sus integrantes en general “se asimilaron al régimen”, resumió al respecto.

Ya en la posdictadura, “se recomponen” los partidos tradicionales y todas “sus fracciones”, incluidas las “de derecha”, con lo que no se generan condiciones orgánicas para una continuidad o resurgimiento de la JUP.

Bucheli señaló que el hilo histórico de la reacción conservadora en nuestro país se proyecta hasta la actualidad en algunas corrientes evangélicas.