Darío Sztajnszrajber: el campo progresista defiende la política tradicional cuando gana pero cuando perdemos ´la política tradicional es un desastre´
18/06/2020
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Entrevistado en InterCambio el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber reflexionó sobre la política, la sociedad y los medios de comunicación.

El ensayista y docente se preguntó “por qué la sorpresa” ante el hecho de que “los medios sean un actor político, si toda relación supone una fuerza política”, tal como sorprendió cuando “la sociedad” se fue percatando de que “la Iglesia juega” en el terreno de la política, algo de hecho natural.

Sobre este aspecto, resumió que “el mundo de los medios todavía juega” entre la pretensión de una cierta “inmaculación” y la evidencia más que sabida a esta altura de que en la sociedad todo es “relaciones de poder”.

Otro aspecto destacado por el entrevistado es su escepticismo respecto de la imagen de “cinco poderosos alrededor de una mesa pensando cómo van a dominar el mundo”. “Creo más (…) en el poder de las estructuras”, indicó.

Después criticó al “campo progresista en el que estamos” porque éste “defiende la política tradicional cuando gana y cuando perdemos ´la política tradicional es un desastre´”. Sobre esto, recordó que “el tema de la política es el poder, y cuando se moraliza” no se comprende y se erra.

En ese sentido citó al filósofo alemán Friedrich Nietszche: “la diferencia entre los buenos y los malos es que los buenos siempresomos nosotros”. Luego sugirió que “para construir una política nueva, hay que deconstruir la política que nos atraviesa” y esto se hace desde la cotidianidad cultural.

En perspectiva, aseveró que “la política que viene tiene que ver con una transformación radical en las estructuras sociales”, una dirección reflejada por “el movimientismo” en corrientes de pensamiento y acción social como “el ambientalismo, el feminismo” e incluso tendencias como “la comida sana”. Esta última, “aunque parezca una pelotudez”, hace a la construcción permanente de lo instituido, como “la alimentación” y “las marcas”.

El pensador argentino recordó asimismo que “la sociedad es un campo de conflicto” y por ende, “esas resistencias” del campo conservador al cambio social progresivo “hacen también a esa dialéctica” inherente a la sociedad como organismo vivo y a la política como campo de intereses cruzados. “Si no, de nuevo nos convertimos en evangelistas” de la cosa pública y con esto “creemos que el pueblo es una tabla rasa o una masa vacía”, razonó.

“La gran deuda del pensamiento y la práctica progresista es esa”, dijo de la necesidad de dejar la lógica moralizante y la pretensión de superioridad.