COVID-19: la digitalización de la vida social y las ganancias de Silicon Valley
03/08/2020
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«En tiempos de aislamiento social y de pandemia como los que estamos viviendo, creemos que es fundamental este debate», dijo a Sputnik la socióloga argentina Verónica Sforzin sobre lo que denomina «extractivismo de datos» personales por parte de las grandes corporaciones tecnológicas y el uso que se hace de ellos.

La digitalización de la vida surgió de manera espontánea como la opción natural para no romper con todos los lazos personales, laborales y sociales a raíz de las medidas de aislamiento tomadas desde el 11 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud elevó al COVID-19 al grado de pandemia.

De acuerdo a Sforzin, lo que hizo esta enfermedad fue acelerar y masificar unos procesos que ya estaban en marcha. «El capitalismo de vigilancia, dicen algunos, o la economía de los datos, ya es una realidad sistémica global. El programa geopolítico que hoy tenemos es que estamos ante dos espacios que están acaparando estos datos», indicó la integrante del Centro de Investigaciones en Política y Economía (http://ciepe.com.ar/).

Esos dos espacios —detallados en un reciente artículo de la entrevistada (http://www.revistamovimiento.com/politicas/los-sentimientos-son-de-nosotros-as-los-datos-son-ajenos/)— son «las corporaciones de EEUU, el Silicon Valley y las tecnológicas, empresas que producen y son hegemónicas en lo que es soporte físico de la red», apuntó.

Más y mejores

Estas compañías que venían acumulando datos personales en todo el mundo por la interacción en las redes sociales y otras plataformas, ahora han ampliado sustancialmente «no solamente la cantidad de datos que hoy se extraen sino la calidad», según la entrevistada.

Sforzin afirmó que hoy «estamos haciendo cosas tan importantes como una sesión de terapia, yoga, festejando cumpleaños. Por tanto, la calidad de esos datos es una variable a tener en cuenta. (…) Esto permite que ciertas corporaciones con capacidad para monopolizar grandes cantidades de información y procesarla puedan dar el salto en lo que es la inteligencia artificial, que es parte de todo este sistema tecnológico».

«El gran contrincante que ha dado saltos en los últimos años de manera acelerada es China», impulsor de «la otra propuesta que puede desarrollar internet de la cosas, el 5G, la inteligencia artificial». Sforzin también se refirió a Rusia como como un país que «ha avanzado rápidamente en algunos nichos de las TICs [tecnologías de la información y la comunicación]. Ahora hay otro polo de poder», remarcó la socióloga.

Cambridge Analytica y después

«Hay un gran extractivismo de información y de datos: extractivismo porque no estamos pudiendo manejar como Estado la información que se saca a los usuarios de todos esos programas, y como está organizada la estructura geopolítica internacional y de las TICs, quedan en manos de unas pocas corporaciones», reafirmó Sforzin.

La entrevistada recordó lo sucedido con la empresa Cambridge Analytica (https://sptnkne.ws/htDy) que desapareció como tal pero «sabemos que hay otras que funcionan de la misma manera». Se refirió así al escándalo que implicó que Facebook le suministrara los datos de millones de usuarios para beneficiar a determinados candidatos o posturas en el marco de las elecciones de EEUU, Argentina (https://sptnkne.ws/qyek) y del Brexit en Reino Unido.

«Esto afectó a las democracias, a la capacidad que tenemos como ciudadanos de elegir a los que nos gobiernan, porque todo este sistema lo que hace es también vendernos candidatos, no solo productos y servicios. Una vez que conocen nuestro perfil sicológico y social somos mucho más proclives» a ser influenciados, destacó Sforzin.

Algoritmos versus emociones

La académica argentina consideró relevante el debate sobre estos temas, ya que en caso contrario el nivel de supuesto confort que ofrece la digitalización de la vida social puede conducir a un camino sin salida.

«Estamos negociando nuestros datos por comodidad, dado que es una cultura que se viene instalando en la última década, en la que se está cómodo con esa situación en la que alguna empresa nos brinda servicio delivery o lo que necesitamos pero a partir de obtener nuestra información», describió.

«Somos conscientes de ello, por ejemplo de que Netflix nos ofrece la serie o película que más nos gusta en función de que ha recopilado nuestra información. Eso es comodidad. Estamos tranquilos porque Netflix nos va ofrecer la serie que más está de acuerdo con nosotros, con nuestro perfil psicológico y social», alertó.

Del mismo modo, advirtió sobre consecuencias más allá de las personales. «Amazon propone una venta de un conjunto de cosas, de mercancías que se instalan en nuestros países y distorsiona mercados. No le estás comprando a la pyme del barrio, no es producción nacional sino productos que definen estas corporaciones», reflexionó.

«Europa obligó a Google y a otras empresas a que un porcentaje de los productos que expone tengan que ser de producción europea. Latinoamérica no se pregunta sobre esto», lamentó Sforzin.

Si bien reconoció que «Latinoamérica aún no está en su mejor momento de integración», la académica celebró que «hay mecanismos que se pueden implementar y hay debates sociales que se pueden empezar a dar rápidamente».