Conversaciones intoxicadas: las redes y nosotros
30/11/2020
https://www.m24.com.uy/wp-content/uploads/2020/11/20201130_Linng.mp3

Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

Dos de cada 3 en Uruguay tiene Internet. Ocho de cada 10 son usuarios de Internet. Ocho de cada 10 utiliza Internet desde el celular. Dos de que cada 3 son adictos al celular.

Esta realidad presenta un panorama complejo a la hora de examinar los alcances de los mensajes que se emiten en las distintas redes y plataformas.

Pero no solamente eso, sino la relación que cada uno de nosotros tiene con las redes. Medir nuestro comportamiento, profundizar sobre los motores que nos movilizan en las distintas redes, es un asunto que genera mucha preocupación e investigaciones científicas.

Una mirada sobre el tema que más me preocupa en términos de integrante de un país, de una colectividad, de un universo humano definido por los límites del país (aunque los fenómenos citados son globales), es de la intoxicación de las conversaciones en las redes; la falta de respeto, la mentira, la canallada.

Algunas redes permiten el anonimato y ese permiso habilita y explaya la canallada, las mentiras o fake news.

El problema se hace más complejo cuando en términos de neurociencia, lo escrito es “verdad” y definir la “verdad” es más complicada porque cada uno, desde su subjetividad define lo que es “verdad”. Tal vez, aquello de Nietzsche nos ayude: no hay hechos, hay interpretaciones.

Hay un asunto al que me quiero referir especialmente y eso, al parecer es uno de los motores que lleva a expresiones violentas o irrespetuosas en las redes.

Hay un estudio de neurociencia del año 2016, en Estados Unidos, que dice el aburrimiento esta detrás de esas expresiones.

El estudio dice que el aburrimiento hace que las personas intenten restablecer un sentido de significación. Las ideologías políticas, y en particular la adhesión a las creencias de izquierda frente a las de derecha, pueden servir como fuente de significado.

El estudio prueba la hipótesis de que el aburrimiento se asocia con una adhesión más fuerte a las creencias de izquierda frente a las de derecha, lo que resulta en orientaciones políticas más extremas.

El estudio demuestra que el aburrimiento inducido experimentalmente conduce a orientaciones políticas más extremas.

Indica además que las personas que se aburren fácilmente de su entorno se adhieren a los extremos más extremos del espectro político en comparación con sus contrapartes que se aburren menos.

Finalmente, revela que las orientaciones políticas relativamente extremas entre aquellos que se aburren fácilmente pueden atribuirse a su mayor búsqueda de significado.

Por ahí hay una mirada que explica tanta violencia en las redes. Como bien se ha dicho, las redes brindan una enorme posibilidad de saber, de conocer, de encontrarnos con lo mejor del ser humano.

En los últimos episodios relevantes -muerte de Maradona y enfermedad de Tabaré Vázquez- uno puede encontrar expresiones de los dos tipos: por un lado, maravillosas palabras y reflexiones, y por otro lado las expresiones canallescas más violentas.

Como seres pensantes y reflexivos, debemos comprometernos con ese costado que todos tenemos dentro: la buena gente. (Eso no quiere decir que no reconozcamos que en nuestro mundo íntimo también tenemos pensamientos miserables o egoístas. Pero la idea es pensar en grande y pensar en grande es salvar los costados buenos de cada uno de nosotros).

En el caso de Twitter, no hay que ingresar en las zonas oscuras del comportamiento humano. Con saber que existen, alcanza. Un estudio realizado hace algún tiempo por Marcelo Tinelli, dice que tan solo el 10% de los usuarios de Twitter cambia de opinión en función de los que lee. Esto quiere decir que el 90% se mantiene en sus posiciones, que hay tribus que funcionan en su propio ecosistema, y que cuando se relacionan con la tribu opuesta es violenta. No hay puentes; es blanco o negro. La visibilidad que permite esta red, hace que nos detone internamente un muñeco egocéntrico que nos creemos Gardel en tanto recibimos corazoncitos; de nuestra tribu corazoncitos y de la tribu opuesta, puteadas. No hay matices.

Estas expresiones violentas siempre estuvieron en las sociedades. El asunto es que ahora a través de las redes, todos tenemos posibilidades de visibilidad. También los violentos e irrespetuosos.

Hay otro problema. Esos grupos extremos están teniendo representaciones políticas que está llevando a una suerte de democracias “iliberales”: modelos autoritarios y represivos, con barniz democráticos en tanto son electos en comicios.