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Cancelación, intolerancia y pensamiento único: ¿una tendencia global?
28/07/2020
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El debate acerca de la libertad de expresión resurge con fuerza en un contexto en el que las redes sociales censuran discursos y determinan qué está bien y qué está mal. Una carta firmada por 150 intelectuales lamentó «el clima intolerante que se ha establecido en todas partes». Pero ¿qué es la cultura de cancelación y por qué se impone ahora?

Las escritoras Margaret Atwood y J.K. Rowling —cuestionada por brindar declaraciones transfobicas—, el lingüista de izquierda Noam Chomsky, el periodista Fareed Zakaria y la feminista Gloria Steinem, son algunas de las figuras que firmaron una carta en la que expresaron su apoyo a las protestas globales contra el racismo pero a la vez reclamaron por «justicia y debate abierto».

En resumen, señalan que la resistencia contra determinados temas como el racismo se está volviendo una especie de «dogma o coerción» que no admite el libre intercambio de información e ideas. Consideran que la censura se está extendiendo en toda la sociedad a través de la humillación pública.

Sus reclamos pueden enmarcarse dentro de lo que se conoce como cultura de la cancelación. Esta se define como el boicot hacia personas o entidades mediáticas consideradas inaceptables por sus comentarios o acciones. Un fenómeno que, a pesar de existir desde hace tiempo, parece incrementarse con las redes sociales.

«La cultura de la cancelación proviene de una rama de la izquierda norteamericana que hunde sus raíces ideológicas en la filosofía de Michel Foucault. Este filósofo francés postulaba que para cambiar el mundo se debía cambiar el lenguaje. Es decir, adueñarse del discurso y silenciar todas las expresiones que se consideren perniciosas», dijo el escritor argentino Gonzalo Garcés, especialista en el tema.

Añadió que el fenómeno de cancelar personas o ideas «es barbarie», porque encierra una lógica de «la ley del más fuerte» en la que gana el que grita más y pierde el que es silenciado. Sostuvo que aunque no fue creado por las redes sociales, estas lo exacerban.
«Esta cultura, que ya existía, encuentra en las redes sociales un ámbito donde desarrollarse. Se pueden hacer denuncias en forma anónima, sin necesidad de pasar por la prueba y el juicio, y sin costo alguno. Además, la agresividad verbal es más grande porque no puede terminar en agresión física. Las discusiones cara a cara tienden a moderarse porque ambas partes temen la confrontación física», señaló el escritor.

Para Garcés todas las expresiones ideológicas, incluso las más aberrantes como el racismo o el nazismo, deben permitirse para poder confrontarlas y evitar que adquieran «un estatus de mártir». Considera que un discurso injusto o inmoral solo se puede refutar si está expuesto.

«Es difícil no coincidir con la carta firmada por los intelectuales porque encontraron un denominador común en algo que es muy difícil de rechazar. Las críticas a esa carta no se han centrado en su contenido sino en quienes la firmaron», concluyó el escritor.

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