Buscando a Wally 1: Reflexiones sobre comunicación política
27/05/2020
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Buscando a Wally es una serie de libros creada por el dibujante británico Martin Handford en 1987. Sin embargo, no se trata de libros de lectura sino para jugar, en cuyas páginas ilustradas hay que encontrar al personaje de Wally en escenas con miles de dibujos y detalles que despistan al lector.

Hablemos de la posverdad. ¿Qué es la posverdad?
Lo mejor es escuchar a este buen señor llamado Eduardo Inda, un periodista contrario a la izquierda española y a todas las izquierdas, que lidera todo tipo de acciones y noticias falsas. Él -que es maestro en esas operaciones- lo define así.

 

Los muebles de la Estancia Anchorena

Al inicio de este gobierno, el diario El País difundió -citando fuentes de presidencia de la República- que en la estancia Anchorena el anterior administrador se había llevado los muebles para su casa. Esa información salió en la mañana y la respuesta, contundente, fue inmediata, no solamente aclarando el tema sino trasmitiendo que se podían iniciar acciones judiciales.

Mario Vera -el acusado por las fuentes- reacciono rápidamente y dijo que todos los administradores anteriores habían llevado sus muebles y cuando dejaron el cargo, se lo llevaron. Y que toda la documentación estaba en presidencia de la República.

Vera cree que afirmar que él se llevó los muebles es «potencialmente ofensivos del honor y la rectitud de una persona, ya que da a entender que los muebles que se llevó al administrador pertenecían al erario público y este en una actitud ilícita se los apropió».

«La personalidad moral del hombre y su reputación puede verse afectada, ante manifestaciones públicas donde se atribuye a una persona un hecho determinado de carácter delictivo, irregular o inmoral, con capacidad suficiente para exponerlo al odio o desprecio público, o que diera lugar a un procedimiento penal o disciplinario, y ello sin lugar a dudas constituye un hecho ilícito», agregó Vera.

No hubo reacción de las “fuentes” de Torre Ejecutiva y todo quedo encapsulado en pocas horas.

El ejemplo del MIDES

Dicho esto, vayamos a una cuestión bien cercana en el tiempo. El domingo 10 de mayo, el diario El País difundió una noticia generada desde el MIDES. Fue portada. El titulo decía: “Auditorías en el Mides detectan un desvío millonario de fondos”.

El domingo es un día interesante en estos tiempos. No hay casi diarios circulando. El Observador ya no sale, La Diaria tampoco y La Republica sale los domingos, pero no tiene impacto de derrame; no construye conversación. El único potente proveedor de noticias es El País, casi con poder hegemónico y más un domingo.

Ese domingo operan algunos portales con miles de visitas, como Montevideo Portal y ahora El Observador tras eliminar su edición en papel.

El diario El País cuelga su diario en Internet a las 5 de la mañana. Los domingos el tráfico en la página comienza a ser intenso sobre las 9 de la mañana. Desde esa hora, ese domingo, la noticia sobre el MIDES se derramó inmediatamente en las redes y luego, en los noticieros de televisión.

La operación comunicacional se volvió potente cuando ese mismo domingo hizo una conferencia de prensa Nicolás Martinelli, director general del MIDES.

A mitad de esa tarde -o sea muchas horas después que las redes estaban incendiadas- salió Ana Olivera, que fuera subsecretaria del MIDES, a dar su punto de vista, otorgando otra versión, fundada y documentada sobre el asunto. Lo hizo a través de Twitter.

Pero claramente fue insuficiente en cuanto al derrame comunicacional. O sea: la contraofensiva fue débil y a destiempo.

Se pueden tener muchas explicaciones sobre estos temas.

Para concluir este capitulito, les presento esta conversación entre Nicolás Martinelli, director general del MIDES, que llevó adelante la operación, y la comunicadora Victoria Rodríguez.

Lo interesante es la pregunta de la conductora de “Esta boca es mía”, Victoria Rodríguez y luego la respuesta de Martinelli. La entrevista a Martinelli tenía el siguiente gráfico en pantalla: “Mides evalúa denuncia penal por irregularidades. Auditoria detecta desvío millonario de fondos”.

Queda claro que nada es claro y que de aquel título solo hay especulaciones. O sea: posverdad.

UPM y los versos

El otro episodio se vivió el viernes 15 cuando el presidente Lacalle anuncio los que denominó “nuevos acuerdos” con UPM. Lacalle lo hizo en conferencia de prensa a las 12 horas. (Agrego: los anuncios de Lacalle se hicieron cuando Manini Rios le estaba comiendo los garrones con el tema, convocando a cuatro ministros para que explicaran el tema).

Dos horas más tarde, el contador Álvaro García -que fuera director de OPP y negociara con UPM en el gobierno anterior- dijo que esos anuncios ya habían sido dados a conocer en el 2017 y puso el link con la noticia de ese año, similar a los anuncios del presidente Lacalle.

Hay una diferencia importante con lo del MIDES: se actuó rápidamente para contrarrestar el relato.

Una hora después del tuit de Álvaro García, el diario El País y La Diaria lo ponen en su portada en Internet.

Casi al mismo tiempo, salió en los medios el anterior ministro de Transporte Victor Rossi.

Sobre las 19 horas de ese viernes, Álvaro Delgado, secretario de la presidencia, tuvo que salir a aclarar en Twitter algunos aspectos de lo dicho al mediodía.

A la misma hora, el noticiero de canal 10 relevo las informaciones, citó a Lacalle y a Álvaro García.

El sábado 16, el diario El País titula su portada de diario papel, con una noticia vieja generada muchas horas atrás: “Lacalle Pou anuncia acuerdo con UPM y reivindica ahorro”. Un título que habla más bien de la debilidad de los anuncios porque había sido público y ampliamente difundido desde el mediodía anterior.

CONCLUSIONES

En términos de diagnóstico comunicacional, parece bastante clara la técnica operativa.

El marco general está dado por un clima construido durante varios años, que generó un estado de opinión importante y que ahora, ya en el gobierno, se retoma la línea de acción que naturalmente coincide con aquella predica y aquella construcción comunicacional-emocional.

En todo esto, además, está la fe, la confianza. Si la ofensiva mediática es muy importante, vigorosa, el tema critico se instala más allá de las fronteras de las lealtades políticas -o sea, gente de izquierda comienza a creer, a confiar, que las versiones son ciertas- y entonces el problema comienza a ser mayor.

O sea ya no solo tenes que conquistar o convencer cabezas oficialistas, sino que tenés que trabajar con tu gente. Acá está la clave del desafío.

En este sentido -y desde siempre- la batalla comunicacional tiene dos planos: uno en los medios, en las plataformas y otro en el territorio.

He escuchado con cierto fastidio, el cúmulo de lamentos por lo que está sufriendo la izquierda con los ataques de la derecha. Lamentos y diagnósticos.

La idea es tratar de explorar posibles territorios desde donde armarse y en un esfuerzo coral, no solamente hablarle a los convencidos, sino darles herramientas para que convenzan a los no convencidos.

En todo caso es una papa hablarles a los convencidos; la clave de esta historia es hablarles a ellos, acercarles herramientas, fundamentos, pero luego está la otra fase: debatir y convencer afuera del anillo de los convencidos. En definitiva. Enseñanzas de la guerra, las batallas se ganan con soldados, con tecnología, con inteligencia, ocupando territorio y con opinión pública que apoye a los soldados.

Hablaba de cuestión de fe, de confianza. Es central esto: ¿a quién le creo? La lógica dice lo siguiente: creo en quien yo confió. Si confío en el presidente Lacalle, pues la información convalida mi creencia y la refuerza. Si no le creo pasa lo contrario. Si le creo a la izquierda, no le creo al gobierno.

El asunto es quien se apodera de la centralidad informativa. Eso es lo que está en disputa.

Y uno de los focos de la ofensiva es horadar principios y desalentar al contrario mientras; se fortalecen las tropas amigas y aliadas. Como en una guerra: soldados desalentados, sin fuerzas ni convicciones, sin ordenes ni confianza, van derecho a la derrota.

Y guerra tiene un objetivo estratégico firme e inflexible -conquistar las posiciones del enemigo, ocupar su cuartel general, izar la bandera- y una táctica que es necesariamente flexible.

La guerra se gana con Opinión Pública, trabajando en el territorio, (una forma de construir opinión pública) y empleando todas las herramientas a su alcance. (Si se cree que con un tuit o un comunicado que queda enconsertado en un mail, ya esta cumplida la tarea, están fritos).

Por último: la rutina mental no es buena compañera de ruta.